La moneda estadounidense avanzó cerca de 1.50 pesos en seis semanas. Analistas señalan que, si el tipo de cambio se mantiene alto, el encarecimiento de productos e insumos importados podría trasladarse gradualmente a los consumidores.
El dólar volvió a superar los 19 pesos en ventanillas bancarias, un nivel que no alcanzaba desde noviembre. El alza reavivó la preocupación sobre el impacto que un peso más débil puede tener en los precios de productos que llegan del extranjero y de aquellos que se fabrican en México con materias primas, combustibles o componentes importados.
La subida ha sido rápida: en alrededor de seis semanas, el dólar se apreció cerca de 1.50 pesos. Detrás del movimiento están las expectativas de que la Reserva Federal de Estados Unidos aumente sus tasas de interés antes de que termine el año. Estas apuestas cobraron fuerza después de que la inflación estadounidense de septiembre superara las previsiones de los analistas.
Cuando las tasas en Estados Unidos suben o se espera que lo hagan, los activos de ese país pueden resultar más atractivos para los inversionistas. Al mismo tiempo, una menor diferencia entre las tasas de México y Estados Unidos reduce parte del incentivo para mantener inversiones en pesos. La incertidumbre geopolítica y la cautela de los mercados también han contribuido a presionar a la moneda mexicana, según los especialistas consultados.
La depreciación no se traduce automáticamente en un aumento inmediato de todos los precios. Muchas empresas todavía cuentan con inventarios comprados con el tipo de cambio anterior o tienen contratos de suministro establecidos con anticipación. El costo del dólar más caro comienza a notarse conforme esos inventarios se reponen y los acuerdos se renuevan.
El impacto también varía según el producto y la empresa. Algunos negocios pueden absorber parte del encarecimiento para no elevar sus precios de inmediato; otros podrían trasladar una parte del costo a sus clientes. Influyen factores como el contenido importado de cada mercancía, las coberturas cambiarias, los márgenes de las empresas y la fuerza de la demanda interna.
Los bienes importados son una de las primeras vías por las que el tipo de cambio puede llegar a la inflación. Pero el efecto no se limita a los productos terminados que se compran en el extranjero: también puede reflejarse en materias primas, combustibles, maquinaria, componentes electrónicos y otros insumos necesarios para la producción nacional. Si esos costos suben, las empresas enfrentan una decisión: asumirlos o ajustar sus precios.
Una estimación de Banco Base citada en la nota calcula que la depreciación de 10.4% del peso entre su nivel mínimo y máximo del año podría añadir cerca de 0.46 puntos porcentuales a la inflación en 12 meses, suponiendo que el tipo de cambio se mantenga en el nivel alcanzado. La cifra no implica un aumento instantáneo: el traspaso se produciría de forma gradual y sería menor si el dólar baja en las próximas semanas.
La duración del repunte será clave. Si la divisa permanece elevada durante varios meses, las presiones sobre los costos podrían sostenerse y hacer más difícil contener la inflación. Ese panorama también complicaría las decisiones del Banco de México sobre las tasas de interés, en un momento en que las señales de posibles recortes ya habían reducido el atractivo relativo del peso, de acuerdo con los analistas citados.
Por ahora, la advertencia no es que todos los precios vayan a subir en la misma proporción que el dólar, sino que la persistencia del tipo de cambio puede ir filtrándose a lo largo de la cadena de producción. El ritmo dependerá de cuánto dure la depreciación y de cuánto puedan absorber las empresas antes de trasladar los mayores costos al consumidor.

