Anoche, el corazón de Aguascalientes no solo latió; vibró a ritmo de acordeón y bajo sexto. La Plaza de la Patria se transformó en una monumental pista de baile y canto colectivo donde cerca de 20 mil almas se dieron cita para rendir honores a los indiscutibles «Jefes de Jefes». Con un concierto gratuito que pasará a la historia, Los Tigres del Norte encendieron la mecha de los festejos estelares del Festival Cultural de la Ciudad 2026, celebrando por todo lo alto el 451 aniversario de la fundación de la capital hidrocálida.




Desde tempranas horas, el centro de la ciudad comenzó a llenarse de sombreros, botas y una expectativa palpable. Cuando la legendaria agrupación norteña pisó el escenario, la ovación fue ensordecedora. No importó la edad; abuelos, padres y jóvenes compartieron un ambiente familiar e incluyente, demostrando que la música de Los Tigres trasciende cualquier brecha generacional.
El repertorio fue un viaje por la nostalgia y el orgullo nacional. Lágrimas y gritos desgarradores acompañaron clásicos entrañables como «Pedro y Pablo», mientras que la plaza entera retumbó al unísono con los acordes de su más reciente sencillo, «México Sigue de Pie», un himno que resonó con especial fuerza en esta noche de identidad y tradición.
Entre la multitud que coreaba cada estrofa se encontraba el presidente municipal, Leo Montañez, quien se sumó a la celebración popular. Por su parte, el titular del Instituto Municipal Aguascalentense para la Cultura (IMAC), Iván Alejandro Sánchez Nájera, subrayó el valor de esta mágica velada, destacando que acercar espectáculos de esta magnitud y calidad de forma gratuita es fundamental para mantener vivo el carácter festivo, abierto y democratizador del aniversario de la ciudad.
Con el inconfundible rugido de Los Tigres del Norte aún haciendo eco en las calles del centro, Aguascalientes ha dado el banderazo de salida oficial a la extensa programación artística de su festival. Si esta primera noche es un indicio de lo que está por venir, los 451 años de la ciudad prometen ser una celebración verdaderamente inolvidable.
