«Bienvenidos a la cata urbana del barrio del Encino», saludó la sommelier Mónica Cortés con cielo amenazante pero sin tormenta. «Yo juraba que a estas alturas iba a estar cayendo un tormentón… me gusta la lluvia, el campo la necesita, pero si no, no nos oímos aquí entre todos».
Ante decenas de asistentes, agradeció a la Secretaría de Turismo —»Mauricio, muchas gracias»— y a las vinícolas participantes por impulsar «la cultura del vino en Aguascalientes, que tenemos y que nos tenemos que sentir muy orgullosos de ser uno de los estados con mayor historia y tradición vitivinícola de todo el país».
Oler para recordar
La dinámica comenzó con un ejercicio sensorial: «Concéntrense en un aroma, en el que sea… en su copa, en su comida, en la persona de al lado». Cortés invitó a evocar memorias —»mi abuelita que olía a mentol, mi papá que huele a café, la cabecita de un bebé»— para explicar por qué el olfato es clave en la cata.
«Hay aromas que nos hacen revivir cosas que otros sentidos no nos hacen revivir. Y como seres humanos le ponemos bien poquita atención al olfato», dijo, tras recordar que en 11 años de catas ha encontrado adultos que «no se acuerdan a qué huele un plátano». En Aguascalientes, bromeó, «espero que a nadie se nos olvide cómo huele una guayaba».
¿Por qué se da buen vino en Aguascalientes?
Cortés explicó la ventaja del terruño: la altitud. «Estamos entre 1,800 y 2,000 metros sobre el nivel del mar, es donde se cosechan las uvas que hacen los vinos que ustedes están tomando hoy».
Esa altura, dijo, permite que variedades como Chardonnay —»la uva blanca por excelencia»—, Sauvignon Blanc y Muscat se expresen bien en el Bajío. El blanco degustado esa noche, detalló, era 100% Chardonnay de la bodega Origen.
«Al vino no se le agrega nada. El vino adquiere los aromas por la tierra donde fue sembrada y por la tipicidad de cada uva. La uva es la única fruta capaz de adoptar otros aromas que están alrededor», explicó mientras guiaba la primera olfación: copa quieta, nariz adentro, ojos cerrados.
Brindis hidrocálido
«¡Salud por el vino mexicano, por las vinícolas de Aguascalientes, salud por el vino hidrocálido!», remató Cortés antes del primer sorbo, entre aplausos y el aroma de cocineras tradicionales que impregnaba el callejón del Encino.
La cata urbana, organizada con apoyo de Turismo estatal, busca acercar la cultura del vino a espacios públicos y reconocer a Aguascalientes como referente vitivinícola nacional.
