Salvador Farías Higareda: «El abogado es un conductor de hombres»
Por Naomi, Alexa y Miguel — Aguascalientes
Sentado frente a micrófonos de estudiantes, con 43 años de cátedra en la UNAM y 19 generaciones apadrinadas en Aguascalientes, el doctor Salvador Farías Higareda no habla como funcionario. Habla como maestro.
Jurista, doctor en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, especialista en Derecho Fiscal, presidente nacional de la Federación Mexicana de Colegios de Abogados, rector de la American International School of Law y profesor universitario, Farías Higareda ha sido reconocido con doctorados honoris causa, pero prefiere presentarse como el profesor de la primera generación de Derecho que llegó a dar clases a un terregal.
«Todo esto era un semidesierto y apenas teníamos en el primer edificio unas cuantas habitaciones. Ahí, porque no llegaban a salones, eran unas cositas de nada, con unos calores espantosos. Pero teníamos mucho ánimo de llegar a ser», recuerda.
La generación del hambre
Fueron los propios estudiantes quienes lo invitaron a ser «padre» de esa primera generación. No había infraestructura, pero había hambre. «Cuando tienes hambre de llegar a ser es algo maravilloso. Cuando eres arcilla y te pueden hacer y moldear muy bien, creo que vale la pena».
De esa camada salieron nombres que hoy son referencia en Aguascalientes. Fernando Amador, presidente de la generación, ha presidido dos veces el Colegio de Abogados del estado. «Tiene el atributo lamentable de que es millonario. Muy lamentable», bromea Farías. Amador llegó a Derecho como segunda carrera, después de Administración de Empresas. «Él entendió que a esa espada había que sacarle filo. Y el filo era el derecho».
Otro, Román, llegó a presidir la Junta de Conciliación y Arbitraje. «Ese barbaján fue también un alumno».
La tesis de Farías es provocadora: todas las profesiones deberían tener al Derecho como segunda carrera. «Un arquitecto que sea constructor necesita hacer contratos. Si es demandado, va a poder hacer algo más. Si tiene problemas con el fisco, también va a tener una intuición. Imagínate un médico que estudie derecho, y cuando están demandando a los médicos, los defienda él. Conoce el A y el B».
La anécdota del deportivo
Entre las decenas de historias que acumula, hay una que cuenta a propósito. Un alumno llegó en un carro deportivo y se estacionó en el lugar para discapacitados. Había espacio de sobra, eran pocos.
Farías entró al salón y lanzó: «Imagínense que no sabemos de dónde, pero tenemos un discapacitado con auto último modelo deportivo». Sabía quién era: un joven que compraba y vendía autos y cambiaba de coche cada día.
El muchacho lo miró. Farías lo encaró frente a todos: «Sí, me dirijo a ti. Porque el abogado es un conductor de hombres. No es un conductor de autos».
Para él, esa es la esencia: «El abogado sabe perfectamente hacia dónde debe llevar a su defensa por su familia, su patrimonio, su libertad. Y debes de saber y tener en tus manos la vida de todos los demás».
El abogado como confesor
Farías equipara al abogado con el médico. «Los médicos son muy importantes porque te quitan un dolor. Los que llegan con nosotros traen dolores. El pleito familiar, el esposo con la esposa, el hijo con los padres».
Pero va más allá: el abogado es receptor del secreto de confesión, como el taxista, el barista, el sacerdote. La diferencia es la trascendencia.
«Hay profesores. Pero los profesores, eso no pasa. No te vas a acordar en la vida de ellos. Pero hay algunos que son tus maestros, de que quieres ser como ellos, quieres caminar como ellos».
Maestro, dice, le decían a Jesús de Nazaret, a Sócrates, a un torero, a un pintor, a un violinista. «La palabra maestro es algo más. Es alguien que tiene un aura distinto. Cuando encuentras un maestro en la vida, no lo dejes ir. Síguelo, búscalo, trata de que te traslade algo, porque con dos palabras te puede cambiar tu rumbo».
Hipnotizarse cada mañana
A sus 65 años, Farías asegura que no se equivocó de carrera. ¿La fórmula? Hipnosis diaria.
«Cuando todos los días, apenas abres los ojos, tienes que decir: derecho es lo que más me gusta en la vida. Tienes que hipnotizarte. Los demás te tratan de deshipnotizar».
Advierte contra los miedos de la adolescencia —»adolescencia es que te adoleces de algo. ¿De qué? De encontrarte a ti mismo»— y contra la idea de que el éxito llega solo. «No puede ser que un médico sea especialista si no está abriendo todos los días. Si alguien se dedica a hacer ejercicio, pues no se va a poner musculoso el primer día».
Decisiones y circunstancias
Su filosofía cabe en dos palabras: decisiones y circunstancias.
«La vida se divide en solamente dos palabras. Las decisiones son del hombre, las circunstancias son de Dios. Pasar un examen con 10 requiere que tú estés estudiando una semana antes. Pero si tú lo dejas a las circunstancias, a ver si el maestro pregunta, no pasa».
El primer empleo, dice, es circunstancia. El segundo, decisión. Casarse es decisión. «Cuando nosotros aprendemos decisiones y circunstancias, tu triunfo va a ser tu triunfo o tu derrota tu derrota, pero cualquiera de las dos es tuya».
Por eso insiste a los estudiantes: sean el mejor del salón de 20 o 30. No por la calificación, sino por la memoria profesional. «Cuando viene un asunto, las amistades dicen: oye, tengo este asunto, ¿a quién me recomiendas? A fulanito. Es que Joaquín es el que le entiende. Porque se distinguió».
Quitar una lágrima
¿Qué disfruta más profesionalmente? No es el dinero.
«El darle, el quitarle una lágrima a mi cliente. Todos los que llegan, llegan llorando».
Cuenta que visitó a un amigo en Tijuana que le presumía su edificio nuevo. Farías le señaló algo: el baño estaba escondido. «Las personas que vienen aquí contigo ya traen problemas estomacales porque traen problemas de su familia, de su libertad, de su patrimonio. Es natural que siempre pidan un sanitario, pero da mucha pena pedirlo».
«Hay personas que son tan pobres que solo dinero tienen. Los asuntos no son de dinero. El dinero viene por añadidura, pero lo que tienes que hacer es quitarle esa lágrima. La profesión te sirve para que te ganes el cielo».
Por eso, a quien trabaja en gobierno y pide aumento, le responde: pide ascenso. «Si es jefe de departamento, a subdirector. El salario va con el subdirector».
El jurista en la plaza pública
Fuera del aula, Farías Higareda mantiene una voz crítica. Como presidente nacional de la Federación Mexicana de Colegios de Abogados, ha lamentado que en Aguascalientes, con 12,733 abogados registrados, no se aplique la reforma que permite a los litigantes integrar carpetas de investigación y presentarlas directamente al juez.
También ha criticado retrasos de hasta cinco meses en el Registro Público de la Propiedad y ha advertido sobre el reparto político en el Poder Judicial.
Para él, todo vuelve al aula y al terregal donde empezó. «A ti te entregaron este conocimiento, ahora lo que tienes que hacer es entregarlo a los demás».
Y mientras lo dice, recuerda a sus alumnos como amigos. «Es más fácil que aprenda tu amigo, porque de cuates estás estudiando, a que te le pongas una barrera que al final de cuentas no sirve de nada».
Al final de la charla, deja una imagen: el maestro como quien toma a un niño de un año por las dos manos y le dice «camina». «Y tú caminas, o gateas, o corres. Pero ya depende de ti».
