Quien diga que la tradición no sabe viajar, es porque no ha visto a La Catrina empacar sus mejores galas. Con la frente en alto y mucho orgullo hidrocálido, Aguascalientes ha exportado su deslumbrante patrimonio cultural a dos de las ciudades más vibrantes de Estados Unidos, demostrando que el legado del maestro grabador José Guadalupe Posada está más vivo y cosmopolita que nunca.
La primera parada de esta gira de «hueso colorado» fue en la Ciudad de los Vientos. Durante el espectacular desfile nocturno Arts in the Dark en Chicago, las frías calles se iluminaron con la presencia de tres figuras monumentales que dejaron a los espectadores con la boca abierta. La estrella indiscutible fue una imponente Catrina blanca, ataviada con exquisitos detalles que hacían un guiño al tradicional deshilado de la región y a su floreciente cultura vitivinícola.
Pero la calavera no iba sola. A su lado desfiló un elegante catrín torero y una deslumbrante catrina de vestido rojo, mientras los talentosos integrantes del Ballet Clásico Aguascalientes llenaban el asfalto de color, música y movimiento. Más allá del aplauso internacional, el recorrido se convirtió en un abrazo nostálgico para la comunidad migrante; un pedacito de patria que les permitió reencontrarse con sus raíces y sentirse en casa, a miles de kilómetros de distancia.
Y como a La Catrina le gustan los reflectores, su siguiente destino no podía ser otro que la capital del mundo. Las famosas luces de Times Square en Nueva York comparten ahora su protagonismo con el folclor mexicano gracias a una exhibición que engalanará la plaza hasta el próximo 2 de noviembre. Entre el bullicio de los taxis amarillos y los turistas, se erigen cuatro piezas monumentales: un busto en honor a Posada, la dinámica escultura de El Torero y su toro, y, por supuesto, una Catrina que lleva el alma del estado en cada trazo.
Con esta doble conquista en territorio estadounidense, Aguascalientes proyecta su identidad a un nivel global, consolidando a La Catrina como la embajadora mexicana por excelencia. Un recordatorio brillante de que el arte, el folclor y el orgullo de México no conocen de fronteras.














