La adrenalina de los motores vuelve a vibrar con fuerza en tierras hidrocálidas. Tras la inesperada cancelación de la fecha en Monterrey, el imponente Óvalo de Aguascalientes se convierte en el escenario definitivo donde arrancará el «Chase» (postemporada) de NASCAR México. Con diez pilotos partiendo desde cero en la búsqueda del campeonato, los reflectores apuntan hacia un competidor que viene con sed de victoria: Andrick Dimayuga, el «Hermes Capitalino».
En un reciente encuentro con los medios, celebrado en las instalaciones de Nissan Torres Corzo, el ambiente fue de absoluta determinación. Omar Barba, gerente comercial y anfitrión del evento, reafirmó el compromiso de la marca con el talento joven mexicano, aprovechando la euforia del deporte motor para adelantar que la firma prepara un misterioso lanzamiento exclusivo para el próximo 9 de octubre.
Sin embargo, en los fosos, la mente está puesta únicamente en la bandera a cuadros. El ingeniero Miguel Dimayuga, director de la escudería, fue transparente al hacer el balance del 2026: ha sido un año de regreso complicado, pero el arranque del Chase significa un borrón y cuenta nueva. La confianza en Andrick es absoluta, sabiendo que el trazado de Aguascalientes es una pista que históricamente dominan.

Un monstruo de concreto
Para Andrick, quien recientemente se adjudicó un tercer lugar en esta misma plaza tras un ritmo «demoledor» en la primera mitad del año, Aguascalientes es su «segunda casa» gracias al incondicional apoyo de la afición. No obstante, el reto técnico es mayúsculo.
El Óvalo de Aguascalientes es una rareza arquitectónica. Junto con Chihuahua, es de las pocas pistas en México con superficie de concreto hidráulico. Este material permite desarrollar velocidades vertiginosas, pero actúa como una auténtica trituradora para las llantas. Además, al correr en packs (grupos compactos a alta velocidad), la exigencia física y el peligro de accidentes severos aumentan drásticamente. Bajo el formato actual de «pits fríos», la administración del desgaste de los neumáticos y el combustible, dictada por la comunicación constante con su ingeniero, será la clave del éxito.
Inteligencia al volante y salud mental
En la pista, el «Hermes Capitalino» se enfrentará a un reto personal interesante: su duelo con Emiliano Richards, líder de la Challenge Series. Ambos pilotos comparten un perfil altamente analítico, prefiriendo la estrategia fría sobre los contactos físicos innecesarios, lo que promete una batalla de ajedrez a más de 200 kilómetros por hora.
Pero quizá el arma secreta más interesante de Andrick se encuentre fuera del auto. En un deporte tan «celoso» y frustrante, donde un fallo mecánico puede arruinar meses de trabajo, el piloto ha priorizado su salud mental. Para combatir el «ruido mental» y el autosabotaje, Dimayuga lleva un diario (personal y de carreras) donde procesa la presión de la competencia, enfocándose exclusivamente en lo que puede controlar. Es una madurez que también se refleja en su gratitud hacia el equipo invisible: mecánicos, spotters y el personal que carga la gasolina, quienes hacen posible el espectáculo.
Finalmente, sobre la amenaza del clima que ya afectó la temporada, el equipo es tajante: la seguridad es primero. Con llantas lisas (slicks), correr en un óvalo mojado es imposible. Si la lluvia hace acto de presencia, la única táctica será resguardar el bólido y dejar que el tiempo haga lo suyo.
Con la mente fría, el auto a punto y el concreto esperando, el Óvalo de Aguascalientes está listo para dictar quién dará el primer golpe de autoridad en el Chase de NASCAR México.
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