Lo que parecía ser una plática de medianoche más en la exitosa casa de La Granja VIP 2, rápidamente se convirtió en una de las confesiones más escalofriantes de la televisión reciente. La popular influencer conocida como «La Coreañera», rompió el silencio y compartió con sus compañeros y el público el infierno que vivió al caer en las redes de una presunta secta de origen japonés que operaba en las faldas del Ajusco.
El engaño: Una beca que resultó ser una trampa
Con la voz entrecortada, la creadora de contenido relató cómo su vulnerabilidad y el deseo de superación fueron utilizados en su contra. Su calvario comenzó cuando decidió postularse para lo que se anunciaba como un prestigioso programa de servicio social vinculado a una beca de lingüística. Confiada y sin investigar a profundidad los antecedentes de la organización, empacó sus cosas.
Su destino final no fue un aula de clases, sino una propiedad aislada en la zona del Ajusco, al sur de la Ciudad de México, donde terminó viviendo en condición de encierro.
Rituales, explotación y sospechas de trata
Dentro de la propiedad, la realidad de la «beca» quedó al descubierto. La organización funcionaba bajo dinámicas de culto estructuradas en torno a la adoración de un misterioso fundador japonés. «La Coreañera» narró cómo todos los miembros eran obligados a formarse en círculo, tomarse de las manos y repetir incesantemente audios en varios idiomas con consignas como “bendito sea nuestro fundador”.
El modelo de operación encendió las alarmas de la influencer. Mientras a las familias de los niños reclutados se les exigían pagos económicos, los trabajadores como ella no recibían un solo peso de salario; su única retribución era el hospedaje en la misma casa donde estaban cautivos. Las precarias y extrañas condiciones la llevaron a sospechar que la supuesta escuela de idiomas era, en realidad, una fachada para una red de tráfico de personas.
El escape: Una luz en la oscuridad
Cuando la esperanza parecía desvanecerse, un giro inesperado le salvó la vida. El punto de quiebre ocurrió el día que una mujer llegó a la propiedad del Ajusco presentándose ante los líderes de la secta como su «madre adoptiva».
La influencer confesó que, en un primer momento, el pánico se apoderó de ella. Al no recibir fotografías ni información previa sobre la mujer, pensó que estaba siendo trasladada a otra casa de seguridad para continuar privada de su libertad. El terror se disipó apenas las puertas del vehículo se cerraron.
«Yo soy normal, yo no estoy metida en esa cosa», le susurró la mujer, revelando su verdadero plan. Engañando al dueño de la secta bajo la promesa de llevar a la joven a una oficina para realizar supuestos trámites, la misteriosa salvadora aceleró y jamás regresaron al Ajusco.
Hoy, convertida en una de las favoritas del reality show, «La Coreañera» mira hacia atrás y reconoce ese momento como el rescate que le dio una segunda oportunidad. Aquella mujer que fingió ser su madre adoptiva terminó siéndolo en la vida real. La influencer se mudó definitivamente con su salvadora y la hija de esta, a quien hoy abraza como a una hermana menor, encontrando finalmente la libertad y el calor de una verdadera familia tras sobrevivir al horror.
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