- La influyente referente del movimiento body positive en México abrió el diálogo tras la polarización que causó su decisión médica en redes sociales.
- Priscila Arias defiende que atender la salud metabólica no invalida el amor propio ni la dignidad de habitar cualquier cuerpo.
En el centro de una conversación pública cada vez más dividida entre el activismo corporal y las decisiones clínicas individuales, la creadora de contenido Priscila Arias, conocida en el entorno digital como La Fatshionista, fijó una postura directa frente a los cuestionamientos generados tras confirmar que se encuentra bajo tratamiento con Ozempic, fármaco para el control metabólico frecuentemente asociado a la pérdida de peso.
La revelación detonó una oleada de reacciones entre sus seguidores, muchos de los cuales señalaron una aparente incongruencia entre su trayectoria como estandarte de la visibilidad y aceptación de las tallas grandes en México y el uso de este medicamento.
Reconocer la tensión en el discurso
Lejos de evadir el escrutinio o descalificar las dudas de su comunidad, Arias encaró los señalamientos de manera frontal, admitiendo que en el plano narrativo se generó un choque directo con los mensajes que encabezó durante años en plataformas digitales.
«Sí hubo una contradicción», reconoció abiertamente al analizar el impacto de su anuncio frente a la bandera del body positive que la posicionó como una de las voces más influyentes del sector.
La activista concedió validez al desconcierto expresado por usuarios que veían en su plataforma un refugio contra las imposiciones estéticas tradicionales, abriendo la puerta a una reflexión más profunda sobre los límites entre el activismo y la autonomía individual.
Salud integral por encima de los cánones estéticos
Al detallar el contexto de su determinación, la creadora explicó que el tratamiento responde estrictamente a un diagnóstico médico enfocado en estabilizar parámetros de salud física y bienestar metabólico bajo estricta supervisión especializada, descartando que se trate de una claudicación ante las exigencias sociales de delgadez.
Bajo esa perspectiva, Arias planteó una evolución en el entendimiento del amor propio, argumentando que el respeto por el cuerpo no puede traducirse en renunciar a intervenciones médicas necesarias cuando la salud está en juego. Con ello, la creadora llamó a desestigmatizar la atención a padecimientos clínicos y a entender que los procesos personales de cuidado no anulan la lucha colectiva contra la discriminación por motivos de peso.
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