Hablar de la muerte y del dolor emocional suele ser un terreno incosteable para la comodidad social. Sin embargo, en el marco de los espacios dedicados a visibilizar la salud mental, la conductora Paola Lavin sostuvo una profunda charla en su podcast con la máster Guadalupe «Lu» Iglesias Ramírez, especialista con 19 años de trayectoria, formación en cuidados paliativos —con estancias y vínculos académicos en España y la Universidad de Guadalajara— y una maestría en terapia familiar breve sistémica por el Instituto Erickson.
Durante la emisión, las expertas analizaron qué hay detrás de los procesos de pérdida y por qué es urgente erradicar los tabús que rodean a la tanatología y la psicología contemporánea.
Pérdida y duelo: ¿Es lo mismo?
De acuerdo con la especialista, aunque suelen utilizarse como sinónimos, existe una diferencia estructural: la pérdidaocurre cuando se desvanece un objeto de amor significativo, mientras que el duelo es la consecuencia directa e inmediata de dicha ausencia.
Asimismo, la forma en que cada individuo refrega o transita este camino no es uniforme. Depende directamente de los recursos de afrontamiento de cada persona, los cuales se dividen en conductas aprendidas, la estructura de la personalidad, la resiliencia y factores externos como la red de apoyo y la situación material.
Los grandes mitos de la salud mental frente al duelo
Para comprender la magnitud de la salud emocional actual, Iglesias Ramírez desmanteló falsas creencias arraigadas en la sociedad:
- El duelo no es exclusivo de la muerte: Se experimenta un duelo genuino ante la pérdida de un empleo, el término de una relación de pareja, un cambio de residencia, la conclusión de ciclos escolares o incluso durante las etapas de transición vital y la jubilación.
- El tiempo de superación: Lejos de la creencia popular de que un duelo se resuelve en pocos meses, autoras como Nancy O’Connor señalan que los procesos pueden prolongarse hasta dos años. Este periodo es indispensable para transitar los aniversarios, asimilar las ausencias, readaptar la dinámica de vida y canalizar la energía afectiva de forma sana.
- Tristeza no es depresión clínica: Aunque se experimenta un «bajón» anímico, el duelo no equivale a un trastorno depresivo diagnosticado por el DSM-5. Presentar respuestas o rasgos depresivos —como el llanto o la disminución temporal de la actividad— forma parte de una reacción humana completamente normal y sana.
- El impacto de la ausencia: Aunque las muertes repentinas o de menores resultan altamente impactantes, cualquier pérdida de un ser querido duele con la misma intensidad debido al vacío que deja la ausencia en la vida cotidiana.
- El mito de «pasar página» inmediatamente: Si bien el objetivo terapéutico es continuar con la vida, esto no ocurre por decreto. La vida sigue, pero el reto radica en aprender a avanzar conviviendo con la ausencia.
- Las fases no son lineales: Basándose en las aportaciones pioneras de Freud y en el modelo clásico de Elisabeth Kübler-Ross, la tanatóloga recordó que las etapas del duelo no siguen una línea recta. Es completamente común avanzar, retroceder o experimentar destellos de etapas anteriores (como la negación o la culpa) en momentos inesperados.
Claves para un acompañamiento efectivo
Saber qué decir o cómo actuar frente a una persona doliente requiere sensibilidad. La especialista aconseja priorizar la empatía, el respeto absoluto por las emociones ajenas y la paciencia, evitando frases hechas de manuales motivacionales.
Entre las recomendaciones más valiosas destacan:
- Estar presente a largo plazo: El apoyo no debe limitarse a los rituales sociales iniciales (como el sepelio), sino extenderse uno o dos meses después, cuando el vacío cotidiano se vuelve más tangible.
- Fomentar la expresión: Durante los primeros meses, es vital permitir que la persona hable libremente de su pérdida para que su cerebro acomode y asimile la información, ayudándole con el tiempo a construir nuevos recuerdos.
Acompañamiento social frente a terapia profesional
Finalmente, la entrevista concluyó con una distinción crucial: si bien las redes de apoyo y el acompañamiento afectivo de amigos y familiares son sumamente valiosos, estos no sustituyen la intervención de una terapia psicológica profesional, recomendando siempre acudir con expertos especializados cuando el proceso rebasa los recursos personales del individuo.
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