La historia ha cambiado de guion para la Selección Española. En una noche que parecía condenada al desgaste de la prórroga, España ha roto su maleficio en los octavos de final al imponerse por 1-0 a Portugal en un duelo electrizante disputado en el Dallas Stadium.
El enfrentamiento, que mantuvo a los aficionados al borde de sus asientos durante los 90 minutos reglamentarios, fue una batalla táctica de alta intensidad. Ambos conjuntos exhibieron un respeto mutuo que cerró los espacios y neutralizó cualquier intento de desequilibrio, haciendo parecer que el empate sin goles era el destino ineludible del encuentro.
El milagro del tiempo añadido
Cuando el reloj marcaba el minuto 90+1 y el estadio ya se preparaba para el cansancio de los tiempos extra, el mediocampista Mikel Merino se vistió de héroe. Tras una jugada de persistencia, Merino logró conectar un remate preciso que terminó perforando la red portuguesa, provocando el estallido de júbilo en la grada española y sellando el destino del partido.
Este triunfo no es solo una victoria táctica; es un bálsamo emocional para una selección que había tropezado repetidamente en esta instancia durante las últimas Copas del Mundo. España logra, por fin, derribar el muro de los octavos y reafirmar su candidatura al título mundial.
Mirando hacia la siguiente fase
Con la moral por las nubes, el equipo de «La Roja» ya pone su mirada en la siguiente ronda. España aguarda ahora para conocer a su próximo rival, que saldrá del choque de titanes entre las selecciones de Francia y Marruecos.
