. El enojo es una emoción que experimentan todos casi todos los días. El enojo, como todas las emociones, es una reacción a determinados estímulos o situaciones.
Como el resto de emociones, muchas veces puede ser juzgadas como un problema debido a que ocasiona determinadas reacciones fisiológicas, cognitivas y conductuales que son experimentadas como displacenteras. El enojo puede ser expresado de diversas formas. Suprimir o reprimirlo, expresarlo de manera explosiva, o expresarlo de manera asertiva.
Una misma persona puede experimentar diferentes niveles de intensidad, frecuencia o duración de los episodios de enojo, así como fluctuar entre las diferentes formas de expresión. Igual que con otras emociones. El problema con el enojo surge cuando la persona presenta constantemente su presión de la emoción o explosividad y advierte dificultades para controlar su ira, ocasionándole consecuencias negativas en su vida personal y social.
El problema de control del enojo es una consulta habitual en la psicoterapia, consideramos necesario que tengas la información necesaria para que conozcas tus emociones y conductas para que generemos un cambio. Es posible que el enojo sea la emoción que puede estarte preocupando. Y la razón es que se trata de la emoción que más dificultades puede costarte intentar manejar.
Lo que elegimos hacer cuando nos enojamos, muchas veces genera complicaciones. Y es que el enojo como tal lo hemos experimentado todas las personas a diario. Causas del enojo.
Nos enojamos cuando algo nos frustra o nos parece injusto. Podemos enojarnos cuando, por ejemplo, nos prometen algo y luego no lo cumplen, cuando nos demoramos en el tráfico, cuando una persona nos interrumpe, cuando nuestros hijos no obedecen. Las situaciones que pueden provocar enojo son muchas y dependerán de cada persona.
Hay personas cuyo umbral de tolerancia a ciertas circunstancias es más bajo que otras, así como la intensidad del enojo también será variable. Los desencadenantes pueden variar, de ocasionales a situaciones que suponen una real amenaza, pero en todos ellos aparece la frustración y o injusticia. La frustración o sensación de injusticia aparece ya que existe un obstáculo para la meta u objetivo que deseamos cumplir.
De este modo, la función del enojo es defensiva. La función es eliminar la injusticia o la realización de la meta o deseo que se encuentra amenazada. El enojo es adaptativo su objetivo es que busquemos defendernos del medio ambiente o entorno amenazador.
Es importante mencionar que produce en el cuerpo una serie de mecanismos que buscan, instintivamente, ayudar a la persona. La parte biológica del enojo El enojo provoca diferentes cambios a nivel fisiológicos, tal como segregar adrenalina y noradrenalina, que son neurotransmisores implicados en comportamientos como la huida, la lucha y la confrontación. El enojo como otras emociones es innata, defensiva y adaptativa, nos remite a ella en tiempos primitivos, donde la amenaza suponía una lucha real.
Por lo cual, la respuesta adrenérgica sin duda era la más adecuada para nuestros ancestros que debían incrementar la fuerza física para responder a los obstáculos que se presentaban. Sin embargo, pese al paso del tiempo y a los cambios psicogenéticos y adaptativos, esta respuesta primitiva aún se mantiene. Todos hemos experimentado los cambios físicos que se producen cuando nos enojamos y en algún momento se ha sentido esta necesidad de utilizar la fuerza para dar respuesta.
Sin embargo, el problema es cuando la fuerza adrenérgica no supera y se torna difícil controlar las reacciones conductuales que se desencadenan. A nivel biológico el enojo es una excelente herramienta de defensa pero no es útil para desarrollar una funcional capacidad de resolución de conflictos ya que para ello es necesario lograr un equilibrio entre la energía física y la calma. Para esto, es importante ejercitar la asertividad.
Las señales del enojo. Es importante identificar los indicadores que se manifiestan como respuesta a una situación que provoca enojo. Estas señales sirven para advertir que esta emoción se está intensificando.
Fisiológicas. Son aquellas señales que involucran mecanismos corporales, es decir, lo que se siente en el cuerpo cuando una situación produce enojo. Emocionales.
Estas señales se relacionan con otros sentimientos y sensaciones que se desencadenan a raíz del enojo y que intensifican la experiencia desagradable. Cognitivas. Son aquellos pensamientos o ideas que surgen como interpretación de la situación que produce enojo.
Conductuales. Estos indicadores son aquellas reacciones de la conducta que se desatan como respuesta a la situación que provoca ira y que muchas veces son las que mayores problemas ocasionan. Niveles de respuesta.
Primer nivel de respuesta corporal. Es la respuesta fisiológica, inata e instintiva, que se activa para la defensa o el ataque ante la situación conflictiva. Se trata de todos aquellos mecanismos físicos que se producen como una reacción de manera involuntaria y que tiene por objetivo anticiparse al peligro.
Segundo nivel de respuesta cognitiva. Es aquel nivel de respuesta que depende de nuestra manera de interpretar las situaciones y de la valoración personal y subjetiva que hacemos de ellas confiriéndoles un sentido o significado. Tercer nivel de respuesta conductual.
Este tipo de respuesta supone una acción que genera una energía interna que mueve a la eliminación del obstáculo. Ello permite defenderse de aquellas circunstancias que ocasionan enojo y obstaculizan nuestros objetivos. La curva del enojo.
Fase de intensificación, explosión y fase de postexplosión. El ciclo de activación del enojo puede tener diferentes tiempos e intensidades dependiendo de cada persona. Algunas reaccionan de manera explosiva con más frecuencia y soltura, y otras parecen tener mayores facilidades para controlar sus reacciones ante situaciones que producen enojo o ira.
Pese a estas diferencias que tienen que ver con construcciones subjetivas, se puede graficar una curva que muestra la manifestación del enojo en diferentes fases y que puede servir para entenderlo de manera explícita. La curva del enojo. Estabilidad.
Toda persona se encuentra, normalmente, en una fase medianamente estable durante la mayor parte del día. Fase de intensificación. Se refiere al primer momento donde ocurre algún evento, circunstancia o situación que genera malestar en la persona.
Esta situación intimida y produce sensación de que peligra la estabilidad que se tenía hasta ese momento. En esta fase se producen, poco a poco, las primeras reacciones fisiológicas. Cambia el lenguaje corporal, se tensan los músculos, aumenta del ritmo cardíaco, etc.
Todas estas respuestas innatas se desatan como una forma de descarga o desahogo. Fase de explosión. En esta fase, cuando el nivel de respuesta física ha alcanzado su punto máximo, y si la situación que ha desatado el enojo no ha cesado, ya sea porque el ambiente continúa siendo hostil o algo se está haciendo para que el estado de enojo se mantenga, se puede producir algún tipo de conducta explosiva.
Estas son aquellas conductas o actos que se producen de manera impulsiva o agresiva como respuesta a aquello que está ocurriendo, por ejemplo, gritar y o golpear. Esta respuesta es adaptativa y responde al objetivo de protección. Fase de post-explosión.
Luego de aquel momento de explosión, prosigue un momento donde la tensión se relaja. En este punto es donde puede ocurrir arrepentimiento por las reacciones producidas o no. Ahora que sabes que sucede cuando te enojas sus causas y efectos.
Sería de mucha utilidad que pudieras observar algunos puntos importantes para lograr intervenir esto. 1. Que situaciones me enoja. 2. Ordenarlas en orden de intensidad. 3. Reconocer si estás retroalimentando el enojo. 4. De ser necesario y posible analizar esta información con un profesional
