¿A qué llamamos inteligencia? Hoy en día no tenemos una definición clara sobre qué es esta inteligencia. A nivel psicológico, lo que hacemos para trabajar con ese tema es hacer test, test psicométricos que miden nuestras habilidades y, a través de una puntuación, intentan cuantificar cómo de bien se nos da una cosa u otra. Estos test, básicamente, están diseñados para resolver problemas.
Son test totalmente distintos el uno del otro, pero el objetivo siempre es resolver un problema que se te da y tienes que resolver. Entonces, aquí se crea una circularidad entre el método y la definición. Es decir, hoy en día, muchas veces, más allá del debate si existe un factor que llamamos inteligencia o no existe, si este factor es un factor concreto o no, si se asocia a una capacidad específica o no, más allá de todo este debate, tenemos que reconocer que nuestra medición solamente utiliza un método que se basa en resolver problemas.
Así que, finalmente, nuestra definición operacional de inteligencia es saber resolver problemas. Entonces, es una definición un pelín estrecha y yo diría un pelín triste, porque nos gustaría pensar que ser inteligente no es solo saber resolver acertijos, tiene que ser, tiene que haber algo más. Entonces, ahí está también, encontramos una frontera borrosa con un mundo lexical, semántico, difícil de manejar.
Yo, por ejemplo, hablo muchas veces de la sabiduría. Una persona inteligente es también una persona sabia. Sabemos perfectamente que hay muchas personas que al momento de puntuar demuestran ser superinteligentes, pero hacen una vida supertriste, o tienen muchos problemas de desequilibrio emocional.
Entonces, ¿cómo puede ser eso? Decía mi abuelo, vive bien el hombre inteligente. Pues si tenía razón mi abuelo, el hombre inteligente tiene que vivir bien. Si no vive bien, quiere decir que no es inteligente.
Entonces, quizás vive bien el hombre sabio más que el hombre inteligente. Yo suelo decir que si la inteligencia es la capacidad de resolver problemas, la sabiduría es la capacidad de evitarlos, que evidentemente cunde mucho más, porque si eres sabio no necesitas ser inteligente. Entonces, hay una serie de problemas que al final muchas veces se superficializa ese tipo de debate.
La verdad que muchas veces ser inteligente no es lo mejor que nos puede pasar. La verdad es que no tenemos una definición realmente completa de qué es esta inteligencia. La verdad que al final lo que nos debería de importar es la calidad de vida y el bienestar, y esto está visto que no depende de la inteligencia.
En fin, es un pelín más complejo de lo que podemos abarcar a nivel cuantitativo. Está bien dar peso a la inteligencia e investigar sobre ese tema, pero evidentemente recordando que esto no es el objetivo final de nosotros como individuos que necesitamos valores y principios que van mucho más allá de la capacidad de resolver problemas. Fijaros también en una cosa.
Siempre hablamos de la inteligencia como el máximo de nuestras habilidades. Homo sapiens, sapientes de sabiduría, dicho sea de paso, no de inteligencia. De todas formas, Homo sapiens, el ser inteligente.
Pero si uno hace un rápido recorrido a los últimos 200.000 años de historia, es suficiente los últimos 2.000 años de historia, pues toda esta inteligencia de Homo sapiens no se nota por ahí. La mayoría de la gente sufre, se mata, se roba, para no mezclar con temas políticos. No parece que 2.000 años o 200.000 años de historia de la humanidad delaten de verdad esta gran inteligencia.
Y además, fijaros, una paradoja increíble. Siempre decimos que somos la especie inteligente. ¿Qué pasa cuando una persona es increíblemente inteligente? Que empezamos a mirar con ojo rarito y decimos, uh, este no es humano.
¿En qué quedamos? Los humanos somos los que fardamos de inteligencia, pero si una persona es demasiado inteligente, ya nos huele que no es humano. Esto delata que no tenemos bien claro primero, qué es la inteligencia, y segundo, si nosotros somos de verdad todo lo inteligente que fardamos ser.
