El diputado local de Morena, Fernando Alferez Barbosa, presentó ante universitarios un posicionamiento a favor de la minuta sobre austeridad republicana y llamó a terminar con las llamadas «pensiones doradas» en el sector público.
«Un saludo a los universitarios que el día de hoy van a escuchar un posicionamiento a favor de una minuta trascendental que tiene que ver con el principio de austeridad republicana», abrió.
«Hoy no nos reunimos para señalar con índice de fuego a quienes se han beneficiado con las pensiones doradas como por ejemplo los magistrados que reciben hasta 200 mil pesos al mes y no se diga algunos maestros de la propia Universidad Autónoma de México», afirmó.
Barbosa sostuvo que, aunque se redujo el sueldo de la Presidencia y se eliminaron privilegios en la cúpula, persiste una realidad que interpela la conciencia colectiva.
«Hablamos de jubilaciones del sector público que en numerosos casos superan el ingreso mensual de la propia Presidenta de México, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo», dijo.
Aclaró que no se trata de negar derechos. «No se trata de envidia ni de negar el derecho constitucional a un retiro digno. Se trata de una pregunta ética ineludible. ¿Cómo conciliar la narrativa de austeridad con la permanencia de beneficios que por su magnitud reproducen desigualdades estructurales?»
Contrastó la situación de trabajadores de base con la de altos exfuncionarios. «Cuando la maestra, la enfermera, el trabajador de base en el Issste o en el IMSS reciben pensiones que apenas cubren lo esencial, mientras otros jubilados perciben cifras que se multiplican por tres, por cuatro o a veces más el salario presidencial, la equidad deja de ser un principio para convertirse en una promesa incumplida.»
Definió la austeridad como compromiso moral. «Las nuevas leyes de austeridad no son solo ajustes contables, son un compromiso moral con la justicia social y con la recuperación de la confianza en lo público. Sin embargo, la austeridad selectiva es contradictoria. No puede haber austeridad en lo simbólico si se mantiene el lujo en lo estructural.»
Reconoció los límites jurídicos. «Las reformas actuales buscan cerrar la brecha entre lo que se dice y lo que se sostiene con el erario público, pero enfrentan un muro jurídico y político, los derechos adquiridos, las leyes heredadas, los acuerdos tácitos de décadas pasadas. Reconocerlo no es excusar la injusticia, sino entender que la transformación requiere precisión institucional, no improvisación ni revancha.»
Ubicó el origen del problema en administraciones pasadas. «Las pensiones doradas no nacieron ayer, son el fruto de un sistema donde el aparato público en distintas épocas y bajo distintas administraciones se autodesignó privilegios sin rendición de cuentas claras.»
Planteó el reto hacia el futuro. «¿Cómo honramos los servicios pasados sin hipotecar la solidaridad futura? La austeridad republicana no debe ser un castigo, sino un realineamiento ético, y ese realineamiento exige transparencia, graduación temporal y sobre todo coherencia entre lo que se predica y lo que se sostiene con el presupuesto federal.»
Propuso salidas técnicas. «México no necesita cacerías de brujas, necesita una reforma de justicia intergeneracional, las pensiones deben garantizar dignidad, no convertirse en vehículos de acumulación discrecional, es técnicamente posible diseñar transiciones progresivas, techos razonables, mecanismos de contribución solidaria y revisiones actuariales, sin vulnerar el Estado de derecho ni los amparos vigentes.»
Cerró con un llamado a la coherencia generacional. «Si recortamos en la cima, debemos también iluminar lo que se mantiene en las sombras del gasto corriente. La verdadera austeridad no es pobreza voluntaria, es eficiencia con equidad.»
«Compañeras y compañeros, no estamos aquí para dividir, sino para exigir coherencia. Un país que reduce el sueldo de su presidenta, pero mantiene jubilaciones desproporcionales, envía un mensaje contradictorio a las nuevas generaciones. La austeridad republicana será legítima sólo cuando sea universal en su espíritu, equitativa en su aplicación y transparente en sus resultados. Que las pensiones del futuro sean dignas, pero no doradas. Que el retiro sea un derecho conquistado, no un privilegio heredado. Y que México por fin camine con paso firme hacia una justicia que no sólo se pronuncia en los discursos, sino que se materializa en la vida cotidiana de quienes sostienen este país.»
«Yo estoy seguro que esta reflexión sacudirá la conciencia de muchos y sobre todo a quien vamos a heredar un gobierno en el futuro. Es todo, ciudadano presidente», concluyó.
