La escultura monumental del Cristo Roto, en San José de Gracia, de cuya inauguración se cumplirán 20 años dentro de un mes, está hecha de espuma de poliuretano. La base de su sustento está dada por una serie de tubos ensamblados, que tiene un peso de 18 toneladas (el poliuretano tiene un peso de dos toneladas). Sobre estos tubos se soldó una especie de parrilla que ya apuntaba a la forma de la escultura, y que sirvió para fijar la espuma de poliuretano. Una vez concluida la obra escultórica se aplicó una película de resina de fibra de vidrio a manera de protección, y luego se pintó, para darle esa pátina oscura que se observa (alguna vez escuché a alguien que creía que la estatua era de bronce).
Aplicada la espuma vino el proceso de escultura, que se llevó a cabo con los objetos más insólitos, rayadores de queso, limas, etc., puesto que la espuma es muy maleable. La imagen muestra un instante de este proceso en la zona de la cara. Una contemplación atenta permite advertir los ojos, la nariz, la boca, pero todavía en forma muy burda; ahí todavía falta mucho para alcanzar la delicadeza de los rasgos y sobre todo, la expresión dolorosa. Otro detalle: en la camisa del maestro escultor se observa una serie de puntos amarillos. Son los restos del poliuretano desbastado en el proceso de escultura.
Observo esta imagen y no puedo menos que sentirme asombrado por la labor del escultor; su ingenio… Digamos que la cercanía al conjunto propicia la pérdida de perspectiva del conjunto, indispensable para lograr la obligada armonía, esto dado el volumen de la obra. Entonces, el escultor está obligado a conservar esta imagen de conjunto, que solo se puede lograr con la distancia.
Por cierto que en la idea original, la meditación del sacerdote jesuita mexicano de origen español Ramón Cué, el cristo no tiene cara, y este hecho cumple un propósito, porque a la hora de que este cristo dialoga con su nuevo propietario, se niega a ser restaurado. En cambio quiere otras caras: “la cara de los leprosos, de los anormales, de los idiotizados, de los mendigos sucios, de los imbéciles, de los locos; … la del blasfemo, del suicida, del degenerado, del ladrón, del borracho, del asesino, del criminal, del traidor, del vicioso,” etc.
A la hora de considerar este aspecto, aquí se desechó la posibilidad de seguir el texto de Cué, dada su extrema violencia.
Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes.
