Se cuenta que un joven jardinero estaba desesperado porque algunas de sus plantas no crecían al ritmo que él deseaba, con ansiedad se acercaba a ellas, les tiraba de las hojas para estirarlas y les gritaba que debían florecer ya, al final del día las plantas estaban dañadas y él agotado y frustrado, un anciano jardinero lo vio y le dijo amigo, podés abonar la tierra, podés regar la planta y podés quitarle la maleza pero no podés obligarla a crecer, cada semilla tiene su propio tiempo y algunas por más que las cuides simplemente no darán el fruto que vos esperás, a veces en nuestra vida tratamos a las personas como ese joven jardinero, invertimos nuestra energía, nuestro tiempo y nuestras palabras intentando que alguien cambie, que entienda o que mejore, olvidando que el cambio es una puerta que sólo se abre desde adentro, aceptar que no todos van a cambiar, ni ahora ni quizás nunca, no es falta de fe, es un ejercicio profundo de humildad, sobre este límite de nuestra voluntad el gran pensador san juan 23 quien fuera conocido por su paz inalterable, solía decir en su oración al final del día, señor hoy he hecho lo que he podido, este mundo es tuyo, esta iglesia es tuya y estas almas son tuyas, yo me voy a dormir, esta frase encierra una madurez inmensa, significa reconocer que nosotros somos sólo colaboradores, no los dueños de las almas ajenas, no podemos forzar la libertad de nadie porque ni siquiera dios lo hace, aceptar esto es el primer paso para dejar de vivir en una frustración constante, cuando nos empeñamos en que alguien cambie a nuestra manera, nuestra generosidad se vuelve amarga, empezamos a dar para comprar un resultado y cuando el otro no responde nos llenamos de resentimiento, para mantener tu plan de vida en paz considera esto, primero pone límites a tu expectativa, ama al otro por quien es hoy y no por quien vos soñas que sea mañana, eso es amor de verdad, segundo el orden de tu energía, no gastes en discusiones estériles, lo que necesitas para tu oración y tu trabajo, si alguien no quiere cambiar tu insistencia sólo servirá para que ambos pierdan la paz y tercero acompañar en silencio, a veces la mejor generosidad es simplemente estar presente y rezar aceptando con sobriedad que el tiempo del otro no es el nuestro, hoy quiero darte esta palabra de aliento, descansa de la tarea de querer transformar a los demás, cumplí con tu deber de amar, de dar buen ejemplo y de aconsejar si te lo piden pero entrega el resultado a Dios, ordena tu corazón, cuida tu alimento espiritual y recupera la alegría de vivir con lo que sí podés cambiar, tu propia actitud, al final la única persona que tenés la seguridad de poder transformar sos vos mismo, solta ese peso y camina hoy con la ligereza de quien confía en que Dios sabe cuidar de todos mejor que nosotros
