La reforma crea la Comisión de la Juventud en los ayuntamientos del Estado, con el propósito de diseñar, promover y evaluar políticas públicas específicas que atiendan de manera directa las necesidades de las juventudes y contribuyan a reducir las desigualdades que enfrentan.
Este paso no sólo fortalece a nuestras juventudes, sino que representan la construcción de una sociedad más justa, equitativa y con visión de futuro. Actuando bajo los lineamientos y la supremacía constitucional respaldada por los derechos internacionales, en armonía con el artículo octavo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, quedando prohibida toda discriminación que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menos cavar los derechos y libertades de los jóvenes o de sus representantes legales o tutores. Es responsabilidad de este Honorable Congreso legislar para las instituciones que brinden las nuevas generaciones las herramientas necesarias para que crezcan con una preparación digna y competente.
Brindemos el respaldo de las normas a quienes mañana llevarán las riendas de nuestro Estado. Apostemos por el talento y el futuro de Aguascalientes. Por los argumentos señalados con antelación, es que se somete ante la recta la consideración de este Pleno Legislativo el proyecto de decreto previsto en el dictamen.
Al respecto, Fernando Alferez declara «Compañeras y compañeros legisladores, respetable auditorio, hoy quiero hablar de un tema que constantemente se menciona en los discursos, no sólo políticos, sino también sociales y de diferente carácter, sobre un tema que pocas veces se atiende con la seriedad que merece, la situación real que vive la juventud en Aguascalientes. Durante muchos años, por no decir en toda la vida, hemos escuchado frases vinculadas a la juventud. Rubén Darío afirmaba en uno de sus poemas que la juventud es un tesoro.
Luego Oscar Guay, más preciso, nos enseñó que la juventud es el defecto que se quita con el tiempo. Sin embargo, más allá de estos conceptos, la realidad es otra. En muchas decisiones públicas, los jóvenes siguen siendo los grandes ausentes del presente.
Mientras aquí debatimos presupuestos, reformas y agendas políticas, miles de jóvenes en los municipios de Aguascalientes enfrentan diariamente desigualdad, falta de oportunidades y entornos que los empujan hacia la desesperanza. Muchos jóvenes ni siquiera pueden vivir su juventud. Hay adolescentes que no tienen el privilegio de experimentar esa etapa de formación, de aprendizaje y de sueños.
Porque desde muy temprana edad se ven obligados a convertirse en adultos. Niños que abandonan la escuela para trabajar. Jóvenes que sostienen económicamente a sus familias.
Adolescentes que cargan responsabilidades que no deberían corresponderles todavía. En muchos casos la juventud se les arrebata antes de que puedan vivirla. Y en ese escenario de vulnerabilidad aparece otro riesgo que no podemos ignorar.
El reclutamiento por parte de la delincuencia organizada. Hay que reconocer que un Estado que no ofrece oportunidades, cuyo entorno social está marcado por la desigualdad, cuando un joven siente que no tiene futuro, las estructuras criminales encuentran terreno fértil para acercarse, seducir y reclutar. No es un secreto que en distintas regiones del país y cada vez más cerca de nuestras comunidades y municipios, los jóvenes se han convertido en blanco de los grupos criminales para engrosar sus filas como halcones o sicarios.
Debemos decirlo con claridad. Cuando eso ocurre, no es sólo una tragedia individual, es un fracaso colectivo de nuestras instituciones. Por eso no podemos seguir actuando como si las adicciones, la violencia o el reclutamiento criminal fueran únicamente problemas de seguridad pública.
También son problemas de desigualdad, de abandono institucional y de falta de políticas públicas integrales para las juventudes. Y aquí debemos ser autocríticos. En muchos municipios de nuestro estado, las políticas de juventud siguen siendo superficiales, improvisadas o simplemente inexistentes.
Eventos aislados, programas temporales, actividades simbólicas que duran, a veces, lo que dura la administración. Pero lo que realmente falta son estructuras institucionales permanentes capaces de diseñar, impulsar y evaluar políticas públicas para la juventud. Por eso, hoy, amigas y amigos legisladores, es necesario votar esta propuesta concreta.
La creación de comisiones de la juventud en los ayuntamientos de Aguascalientes. No como un gesto simbólico, no como una oficina más dentro de la burocracia municipal, sino como un espacio institucional que permita enfrentar de manera seria los desafíos que viven las y los jóvenes en nuestros municipios. Estas comisiones deben de tener tres funciones fundamentales.
Primero, escuchar a las juventudes, especialmente aquellas que viven en contextos de vulnerabilidad. Segundo, diseñar políticas públicas integrales que articulen educación, empleo, cultura, deporte, salud mental y prevención de adicciones. Y tercero, evaluar resultados porque la política pública que no se mide, termina siendo propaganda.
Sabemos que cuando un joven tiene acceso a la educación, a la cultura, al deporte y a las oportunidades laborales, las probabilidades de caer en dinámicas de violencia, adicción o criminalidad, disminuyen significativamente. Pero cuando un joven vive en colonias sin espacios públicos, sin programas de prevención, sin oportunidades laborales y sin acompañamiento institucional, la desigualdad termina convirtiéndose en destino. Y eso es algo que un Estado democrático no puede aceptar con indiferencia.
Hablar de juventudes no es hablar de un grupo menor. Estamos hablando de una generación que definirá el rumbo social, económico y político de nuestro Estado en las próximas décadas. La pregunta que debemos hacernos hoy en este Congreso es simple y contundente.
¿Vamos a seguir tratando las políticas de juventud como un tema secundario? ¿O vamos a construir instituciones capaces de enfrentar los desafíos reales que viven miles de jóvenes en aguas calientes? ¿Crear comisiones de la juventud en los ayuntamientos ciertamente no resolverá todos los problemas de inmediato? Pero sí, habrá de representar un paso firme para dejar atrás la improvisación y comenzar a construir políticas públicas serias, permanentes y con participación juvenil. Porque cuando una joven o un joven encuentran oportunidades, cambia su historia. Pero cuando miles de jóvenes encuentran oportunidades, también cambia el destino entero de la sociedad en la que se vive.
Necesitamos, pues, esas comisiones de educación para que se escuche a la juventud, para que las proteja y que les permitan vivir plenamente esa juventud que muchos todavía no viven. Por eso es el desafío político que hoy tenemos frente a nosotros y es una responsabilidad que no podemos seguir postergando. Estoy cierto, compañeras y compañeros legisladores, que lo viejo y lo joven sólo son categorías biológicas que no determinan el andar histórico de la humanidad.»
