De niño, Gustavo Santaolalla consideraba que su vocación era la del sacerdocio. En la adolescencia transformó su visión acerca de la religión y optó por la música. En ambas profesiones, dice el productor musical en entrevista, la similitud tiene que ver con “sanar almas, con dar salida a dolores y ansiedades, con transmitir paz, ofrecer bálsamos y remansos espirituales”. Con una barba abultada y blanca que data de la pandemia, el argentino, quien cumple 72 años el 19 de agosto, se conectó de manera virtual desde su casa en California para conversar sobre el Emmy al que aspira por la banda sonora que hizo para The Last of Us, el Latin Grammy honorífico por su trayectoria, denominado Excelencia Musical; el 25 aniversario de su álbum Ronroco; y lo que viene con su proyecto Bajofondo. “ Quería ser sacerdote cuando era chico, iba a serlo, en el colegio lo asumía y aprendía muchas cosas, pero a los 11 tuve mi primer conflicto espiritual, y no porque haya sido con algún cura, no, nada de eso, sino espiritual. Y mi percepción cambió”, comenta Santaolalla. Prolífico productor, realizador y compositor, Gustavo ya es abuelo y todo un “gurú” de estrellas consagradas y en ciernes del firmamento artístico internacional. La Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio, Julieta Venegas, Café Tacvba, Juanes, La Vela Puerca, Fobia, Molotov, Jorge Drexler y Los Prisioneros son algunos de los nombres que figuran en su lista de artistas a los que les ha producido discos y canciones, y tras su irrupción en Hollywood, con una pieza de Ronroco (1998), en el filme El Informante, de Michael Mann, se volvió uno de los talentos más buscados. “ Cambié la profesión, pero hay algo de similitud. Transmito algo que se relaciona con el espíritu, lo que mi música produce en la gente tiene algo curativo, terapéutico. Lo que me dicen, lo que tengo consciente. Es que tengo un don que me acompaña, es proporcionar un servicio, y quiero que siga siendo útil para la gente”, reflexiona sobre su vocación. En la víspera de su cumpleaños asegura que le da satisfacción tener el cariño de sus hijos y nietos a pie de cama y totalmente activo en la industria, porque lejos de pensar en el retiro, tiene asignaturas hasta para dentro de dos años. y lo que se acumule.
