El poder de mantenerse positivo
Cuando vivimos cosas que nos cuesta procesar, sin darnos cuenta activamos ciertos mecanismos de defensa que nos permiten salir adelante. Esta es la historia de como descubrí que en mi intento de estar bien terminé enfrentándome al mundo con un positivismo de esos que rayan en lo absurdo, y cómo a pesar de lo que pensaran ciertas personas terminó ayudándome en mi recuperación
Estaba recientemente buscando unas fotos en mi computadora y como es costumbre terminé dedicándole una buena cantidad de tiempo a inundarme con imágenes de años pasados, naturalmente sentí mucha nostalgia y de alguna manera me reposicioné en cada una de las situaciones que fueron retratadas para posteriormente convertirse en recuerdos.Al ver con ojos del presente a mis versiones del pasado siempre termino tratando de descifrar la personalidad que estaba mostrando en esa etapa, ya que aun cuando en el momento que lo estamos viviendo no nos damos cuenta, el tiempo nos permite entender que la manera en la que actuamos es en muchas ocasiones una respuesta a la realidad que nos rodea, y conforme las cosas cambian y vamos aprendiendo y sanando, damos paso a una nueva versión propia que, creo, siempre debería ser mejor que la anterior.Según como lo veo, todos tenemos una personalidad tempranamente definida, algo que algunos precisarían como carácter, son esos rasgos que reconocemos en una persona que no hemos visto en años y que te hace sentir que a pesar del tiempo aun lo conoces, incluso si esa persona es ahora más alta, más madura, menos insegura, si subió de peso o si lleva un nuevo corte de pelo. Si tuviera que mencionar algunas características de mi personalidad que han estado en mi toda la vida y que resultan destacables para los demás serían mi sentido del humor, mi naturaleza reflexiva, mi empatía y creatividad. Pero junto con los atributos previos puedo mencionar sentimientos que me acompañaron en etapas específicas de mi vida que sin duda me hicieron actuar de maneras que probablemente no correspondían a mi yo de siempre; inseguridad, miedo, ansiedad, etc.Explico todo lo anterior porque entre lo mucho que me recordaron esas imágenes, vi en algunas de ellas un momento exacto de mi vida en la que sin quererlo vivía en una burbuja de positivismo de ese del que se encuentra en una delgada línea entre ser verdadero o sólo un grito desesperado de ayuda. Según como me han ayudado a entender, el positivismo tóxico es aquel que te lastima a ti y tus relaciones interpersonales, tomando en cuenta esa definición creo que no entraba en esa categoría, pero aun así algunas de mis acciones se inclinaban hacia ese lado.Ahora puedo decir que no era más que un mecanismo de defensa que se activó de manera inconsciente, mi cuerpo estaba pasando por momentos bastantes difíciles y mis visitas a los hospitales también resultaban recurrentes. Tenía la fortuna de contar con muchas personas que se preocupaban por mí y como parte de su manera de demostrarme cariño aprovechaban cada ocasión para preguntarme cómo me sentía. Naturalmente lo último que quería hacer era preocuparlos más diciéndoles que estaba triste, perdida o adolorida, aunque en la mayoría de las ocasiones era bastante obvio a la vista.Honestamente no era solo una manera de proteger a mis seres queridos, admito que sentía miedo por la fragilidad del futuro, a veces el pensar en el mañana e imaginar que sería igual de complicado que lo que estaba viviendo en ese momento me atormentaba más de lo que debía. Entras en un estado mental en el que te repites constantemente que todo va a estar bien; si entablas una conversación con alguien le sonríes y actúas como que lo tienes bajo control, estás con tu familia, quienes más cargan la enfermedad contigo y te aseguras de que cada lágrima que te ven derramar se compense con palabras de aliento.La situación anterior se convierte en una dinámica que refleja a la perfección el dicho de que si dices una mentira mil veces se convierte en realidad. En esos momentos tenía dos opciones: enfocarme en la incertidumbre e inestabilidad de la situación o enfocarme en lo que podía llegar a ser. Elegí la segunda opción y de alguna manera creé barreras tan grandes que no me permitían visualizar ninguna otra opción que no fuera el estar bien.Hace un par de años recibí la llamada de un amigo al cual no veo a menudo, pero por quien siento mucho cariño por la compañía que me brindó cuando más lo necesitaba, específicamente en el tiempo en el que me costaba reconocerme en el espejo y navegaba entre tratamientos. Fue una de esas llamadas en las cuales hablas de cosas insignificantes y dudas existenciales por igual, no recuerdo exactamente el contexto de nuestra conversación, pero por algún motivo terminó diciéndome que, en aquel entonces, el positivismo que yo mostraba le resultaba algo falso.
Ese comentario resonó en mi cabeza por días, no estaba en lo absoluto molesta con él, por el contrario, agradecí su habitual honestidad y entendí a la perfección después de mucho analizarlo el porqué lo decía y me pregunté en secreto cuántas más personas pudieron haber visto lo mismo que el vio en mí. No me arrepiento de nada porque fue mi versión de ese entonces que evolucionó y aprendió de lo vivido, para llevarme a la realidad que vivo ahora, una realidad en la que valoro mis sentimientos, aprendo diariamente sobre mi persona y afronto como todos los demás los problemas que se me van presentando lo mejor que puedo.La conclusión es que nunca sabemos exactamente por qué las personas actúan en la manera en la que lo hacen, podemos crear hipótesis, pero por más que creamos entender la raíz de sus traumas la realidad es que no estamos ni cerca de saberlo, no nos queda más que ofrecer empatía de la misma manera que nos gustaría recibirla de ser necesario.Me permito compartirles lo que alguna vez leí por cuestiones del destino no sin antes recordarles que su felicidad va primero y que sus tiempos y maneras no es algo que esté a debate público: a lo largo de nuestras vidas vamos a estar muy arriba y muy abajo, prestemos atención y seamos conscientes de nuestro estado actual y el de nuestro entorno. Dejemos de vivir de prisa, dejemos de influenciarnos de la falsa y toxica positividad. Lloremos si es necesario, pasemos días tristes, gritemos, rindámonos ante nuestros naturales sentimientos, sin importar el qué dirán.Liberémonos de lo que nos atiborra de falsedad, ansiedad y depresión y comencemos a actuar mediante la introspección, haremos nuestra propia tierra y cultivemos nuestros sentimientos de tal manera que den provechoso y resiliente fruto. TEXTO BRISEIDA IBARRA
