Costarricense pero mexicana de adopción y corazón. Fiel desafiante de los estereotipos de género siendo una orgullosa identificada lesbiana.María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano, mundialmente conocida como Chavela Vargas, nació en Costa Rica en San Joaquín de Flores en 1919, en su infancia vivió el divorcio de sus padres, fue criada por sus abuelos y con ellos recibió la noticia de padecer la enfermedad del Polio.Tachada por ser una hija “rara” por no ajustarse a los estándares de feminidad, juzgada por su atuendo masculino, para aquella sociedad religiosa. Narraba cada que tenía oportunidad la forma en la que al entrar a una iglesia el cura ante toda la congregación expresó ‘Esa niña no puede entrar aquí, se va a ir en este momento’… Tras estos actos Chavela Vargas era oculta de la sociedad con la que sus familiares convivían.A los 8 años de edad, desde casa y en la escuela cantaba, ya había descubierto su poderosa voz, comenzó a pensar en oportunidades. Escaparse y refugiarse era la opción de aquella niña.Eligió llegar a México a los 14 años. En ese momento –1933– la industria del cine, entretenimiento y de la música estaba en crecimiento, ella misma decía que comenzó a cantar pero nadie le hacía caso. Tiempo al tiempo, persistencia, pasión y su esencia fueron lo que finalmente la llevaron al éxito.Al llegar a México, rentó en la azotea de un edificio, un cuarto; sus ingresos eran a través de su canto, se asoció con una señora y juntas hicieron una agencia de trabajadoras domésticas. Le prestaron un auto y ella era quién las llevaba a los hogares a trabajar, en ese entonces ganaba dos pesos por cada persona que dejaba laborando.Hacer de todo para llegar al éxito era algo que siempre presumía, de ahí la interpretación de la canción “Gracias a la vida”, escrita por la chilena Violeta Parra. En ese momento adoptó sin dudarlo, la nacionalidad mexicana, aseguraba que sentía que algo en esta ciudad la estaba esperando, ese algo era el arte y la musica regional mexicana en su voz.Chavela se forjó, creció y sobrevivió en las calles a veces tan oscuras. Su canto lo posó en los bares y cantinas de entretenimiento nocturno. Lugar en dónde conoció al compositor José Alfredo Jiménez, una celebridad popular del mundo de la canción gracias al séptimo arte.La conexión fue instantánea y se hicieron grandes amigos, los viernes eran para sus tragos de tequila, dolencias y creaciones. Chavela se expandía en un mundo de hombres, machista por excelencia y ella orgullosa lesbiana, su dicho era “A macha, no le va a ganar nadie”. Vestía como hombre, bebia a su altura, fumaba puro y con ella siempre la acompañaba un arma. Su peculiar poncho rojo nunca se separó de ella, el que siempre usaba en sus presentaciones, mismo que el 5 de agosto del 2012, el día de su muerte, tendieron en su ataúd para aquel emotivo encuentro de sus fanáticos con cuerpo presente en la plaza de Garibaldi, mientras Tania Libertad, Lila Downs y Eugenia León le cantaban en muestra de admiración. Siempre habló abiertamente sobre su relación sentimental con la pintora Frida Kahlo, a quién le dedicó ‘La llorona’ y ‘Paloma Negra’. Chavela presumía cantarle al oído a la artista, las condiciones de salud de Kahlo se mantenían críticas, estaba inmóvil postrada en cama.Frida mantenía una relación con el pintor Diego Rivera, quién le brindó su hogar a la cantante para que viviera con ellos. Chavela abrió surcos, se subió a enormes escenarios con todo lo que se identificaba como ser humano, vivió llena de ofensas, de discriminacón, erradicó todo prejuicio sobre su aspecto, fue durante toda su vida y hasta el final de sus días donde las opiniones por ser lesbiana la acompañaron. Siempre estuvo rodeada de grandes y buenos amigos, con un conjunto de fiel es seguidores es como cantaba rancheras, acompañada de su guitarra desgarrando las letras de las canciones y entregándose a los escenarios por toda América. Su adicción al alcohol en los años 70, fueron la causa de su retiro por más de una década titulados ‘sus años de infierno’. En los años 90 regresa a los escenarios, su figura revivió gracias a Almodóvar, ferviente admirador de la cantante que incluyó canciones interpretadas por Chavela en sus películas. Sin olvidar el auténtico piensa en mí que hasta en nuestros días se recuerda.
