En la sección de curiosidades científicas de un programa radiofónico se abordó el funcionamiento de las vacunas, destacando sus distintos tipos y la importancia de su aplicación para la salud pública.
Se explicó que las vacunas actúan como un entrenamiento previo para el sistema inmunológico, exponiéndolo de manera segura a patógenos o fragmentos de ellos, lo que permite generar anticuerpos y linfocitos T capaces de defender al organismo en caso de un contagio real.
Entre los tipos más comunes se mencionaron:
- Vacunas atenuadas: contienen el virus vivo pero debilitado, como las de sarampión o varicela.
- Vacunas inactivadas: utilizan virus muertos, seguras pero requieren refuerzos, como las de polio o influenza.
- Vacunas de vector viral: emplean virus inocuos como portadores de material genético, usadas en casos como el ébola y el COVID-19.
- Vacunas de ADN y ARN mensajero: tecnologías recientes que codifican proteínas del virus para inducir inmunidad, como las de Pfizer y Moderna contra el COVID-19.
Se subrayó que, aunque algunas vacunas pueden provocar efectos secundarios leves como fiebre o cansancio, los beneficios superan ampliamente los riesgos. La falta de vacunación, advirtieron, ha provocado el resurgimiento de enfermedades que estaban cerca de erradicarse, como el sarampión, que antes de 1980 causaba 2.6 millones de muertes al año y que en 2023 volvió a cobrar la vida de miles de menores debido a la desinformación.
La conclusión fue clara: las vacunas son uno de los inventos más trascendentes de la medicina moderna, pues no solo tratan síntomas, sino que previenen enfermedades y salvan millones de vidas cada año.
