En medio de una cultura marcada por la prisa, la violencia y la pérdida de esperanza, la fiesta de la Ascensión del Señor recuerda que la vida humana tiene un destino que va más allá de lo material. Esa fue la reflexión central que compartió Juan Espinoza en su mensaje de esta semana.
«¿Qué le dice hoy la Ascensión a la gente de nuestro tiempo?», planteó. Su respuesta fue directa: que el ser humano contemporáneo no está condenado al vacío, aunque muchas veces viva «como si la vida terminara solamente en lo material, como si el dinero, la apariencia o el poder fueran el destino último».
Para Espinoza, la Ascensión proclama que «nuestra vida tiene una meta eterna y gloriosa. El fin del hombre no termina aquí. El fin del hombre es el cielo, es la gloria, es estar con Dios». Desde esa mirada, añadió, «la muerte no es la pérdida, es la ganancia, la vida más bonita».
Las llagas de México
El segundo punto de su reflexión se centró en las heridas concretas del país. Recordó que Cristo asciende «llevando consigo las llagas de la pasión», y que desde el cielo sigue mirando con compasión los sufrimientos del pueblo.
Espinoza enumeró cuatro cruces actuales:
1. Familias bajo pobreza. «Tantas familias que viven bajo el peso de la pobreza, luchando diariamente para llevar el pan a la mesa, sosteniendo el hogar con sacrificios silenciosos y muchas veces con angustia». Afirmó que la dignidad humana está por encima de cualquier interés económico.
2. Niñez sin formación integral. Alertó sobre niños y adolescentes que crecen «sin acompañamiento, sin formación humana ni espiritual, atrapados por ambientes de violencia, adicciones, vacío interior o desintegración familiar». Advirtió: «Una sociedad que abandona a sus niños compromete su futuro».
3. Jóvenes sin horizonte. Describió a jóvenes «sin oportunidades, sin empleo digno, sin acceso suficiente a la educación». Muchos, dijo, viven tentados por el desaliento, la migración forzada o la violencia. «Ningún joven nació solamente para sobrevivir. Cada uno ha sido llamado a una vida plena, hermosa, trascendente».
4. Ancianos abandonados. Señaló la soledad como «una de las pobrezas más dolorosas de nuestro tiempo». En una cultura que valora la productividad, los mayores «parecen volverse invisibles, pero para Dios jamás son descartados. Ellos son memoria viva, sabiduría y presencia sagrada».
Responsabilidad compartida
Espinoza concluyó que la Ascensión no es una fuga del mundo, sino un envío. Cristo asciende, dijo, pero deja a las familias, a la Iglesia y a toda la sociedad «la responsabilidad de formar corazones y sembrar en ellos esperanza».
El mensaje, leído en clave local, interpela directamente a una sociedad que enfrenta pobreza persistente, abandono escolar y envejecimiento sin cuidados, recordando que la fe, según el autor, debe traducirse en compromiso concreto con los más vulnerables.
