Probablemente ustedes sepan lo importante que para la Argentina, en la selección de Argentina de fútbol y la población de Argentina, fue el Mundial 86. México maradona en su mejor momento y por cuartos de final, Argentina juega contra Inglaterra. Cuatro años después de la guerra de Malvinas.
Vieron que no hay por qué mezclar la nación con el deporte, pero se mezclan. Para la Argentina, esto de enfrentar a los ingleses en el Mundial, en un partido eliminatorio, generó un nivel de ansiedad atroz. Salvo para la familia de mi novia.
Y la familia de mi novia, al fútbol le daba muy poca importancia. Gente del tenis. El fútbol, veían el Mundial, pero sin mayor compromiso.
Con una cosa muy de la época, yo no era el novio de la nena. Yo era el novio de la nena. Espero que entiendan esta, y no puedo llevar más allá mi mano izquierda, porque no me da.
Era de estos novios que tenían que despedir a su novia en la puerta de la casa y desaparecer rápidamente. Ni hablar de entrar, ni hablar. Pero esta familia decide, después de más de un año de noviazgo, que el domingo es un buen día, el domingo próximo es un buen día para recibir a este pretendiente con un asado, agasajarlo, con un asado para conocerlo.
Cuando mi novia me lo cuenta, cándida, feliz, yo le digo, ni loco. 22 de junio, o sea, Argentina e Inglaterra juegan a las 12 del mediodía. Uno no puede comer, uno no puede conversar, uno no puede vivir.
Juega Argentina e Inglaterra. Ah, dirá mi novia, si habían hecho tanta ilusión. Y uno por amor hace tantas cosas.
Por ejemplo, tomar la decisión de ir igual. Y tratar de comportarse, no como un salvaje, sino como una persona civilizada. Durante el primer tiempo funciona.
Envejezco 10 años, pero funciona. Empieza el segundo tiempo, de ese partido que va 0 a 0 todavía, y Maradona muy rápidamente convierte ese famoso gol con el puño. La mano de Dios.
Pero yo he logrado que los tenistas de la familia acepten que yo escuche el partido por radio, mientras lo miro por televisión. Y el relator de la radio, que es un uruguayo que es muy buen, se llama Victor Hugo Morales, de manera para mí milagrosa, dice, Maradona con la mano antes de que la pelota entre. Entonces yo no grito el gol.
A mi alrededor todos gritan y celebran. Yo no salgo de mi perplejidad pensando que van a anular el gol, no porque yo lo haya visto, sino porque el relator lo ha comentado. Pero veo que Maradona llega al banderín del córner y se abraza con los jugadores.
Y claro, tímidamente, termino diciendo, gol, gol. Lo cual para el novio de la nena está perfecto. El problema es el segundo gol.
Cinco minutos después. Maradona recibe la pelota en el campo de Independiente, voy a decir. En el campo de la selección de Argentina.
Y empieza a esquivar jugadores. Supongo que ubican ese gol. Muchos de ustedes no lo vieron.
Vieron una repetición de ese gol que no es lo mismo. Ustedes saben cómo termina. Pero aquí hay gente que, me cuento entre esos privilegiados, que vio eso suceder.
Vivió en un mundo donde faltaban tres segundos para que eso pasara. Vivió en un mundo donde podía hacer que esa jugada terminara distinta. Donde esa maravilla estética, porque eso es ese gol, además de una maravilla poética en el sentido griego de lo poético, se materializara.
Pudo no pasar, pero pasó. Y cuando pasa, yo tengo como una ausencia. Vieron que uno a veces pierde la noción de dónde está.
Cuando recupero la conciencia, estoy trepado a una ventana. Aferrado como si fuera un primate muy poco evolucionado. Comentando cierta enemistad con el pueblo inglés.
Cuando tomo conciencia de lo que estoy haciendo, digo, esta gente me va a echar naturalmente. Por fortuna. Mi futuro suegro, mi futuro cuñado, mi futura suegra y mi futura esposa siguen incrédulos mirando a la pantalla.
Porque para ellos también, aunque el fútbol no les gustara tanto, sabían que habían visto algo histórico. Yo me bajo lentamente. Borro las marcas de las suelas de la pared.
Levanto la silla del piso que aparentemente tiré en algún momento. Me acerco al grupo que mira la tele y digo, qué golazo. Me acerco al grupo que mira la tele y digo, qué golazo.
