A más de seis años del estreno de Roma, la actriz oaxaqueña Yalitza Aparicio sigue recordando con asombro la «gran travesía» que la llevó de Tlaxiaco a la alfombra roja del Oscar.
En entrevista, la primera mujer indígena mexicana nominada al Oscar a Mejor Actriz confesó que jamás imaginó la dimensión del proyecto:
«Nunca pensé obtener el personaje. Jamás me imaginé la dimensión que iba a tener ese proyecto y mucho menos el cambio que se iba a dar en mi vida».
«No había rostros parecidos a los míos»
Aparicio creció alejada del cine por una razón muy concreta: no se veía representada.
«De hecho, crecí siempre alejada de lo que es el cine y todo lo que era la industria, pensando en que lo que yo veía en una pantalla no era algo funcional en mi vida, porque no había una representación. Nunca veía rostros parecidos a los míos», explicó.
El acceso también era un obstáculo: desde su comunidad tenía que viajar tres horas a la capital oaxaqueña para entrar a un cine. «Solo me fui determinando que era un mundo ajeno, al que no pertenecía y al que seguramente jamás iba a pertenecer».
Casi renuncia
El choque fue mayor cuando conoció a Liboria Rodríguez, la mujer real en la que se inspiró Cleo.
«Caí en cuenta que no estaba preparada para ese momento. De hecho, llegué a pensar en renunciar, porque me di cuenta que era una persona muy distinta a mí y que sí, tal vez físicamente nos parecíamos, pero en la personalidad no», reveló.
Lo que más le costaba entender era la decisión de Cleo de ser madre soltera y salir adelante en los años 70. Fue Alfonso Cuarón quien la guió:
«El director me dijo, piensa en Cleo, una mujer en otra época, con otras oportunidades y con otro pensamiento. No en Yalitza, que ya tiene una carrera y que conoce muchos temas y que tiene más oportunidades. No, son dos personas distintas, piensa en Cleo».
Los pies que no dejaban de temblar
Aparicio admite que amaba más observar en el set que actuar. La cámara la intimidaba hasta físicamente.
«Muchos me dicen, bueno, es un aparato y no sé por qué te impone tanto, pero la verdad es que me temblaba hasta el último rincón de mi cuerpo», contó.
En su primera toma, se mentalizó para relajar el rostro, pero olvidó los pies: «Los pies no me dejaban de temblar, se acercan y me explican cómo iba a ser la toma y comenzaba de los pies hacia arriba. Y era como de, me mentalicé para controlar mis nervios arriba, pero mis pies, ¿cómo logro que mis pies ya no tiemblen?».
Dijeron «acción» y no recuerda si dejaron de temblar. Cuando vio la película, lo primero que buscó fue eso: «mi mente estaba enfocada en ver qué tanto temblaban mis pies».
Hoy, con una nominación al Oscar, campañas internacionales y trabajo como activista, resume: «Y si me pongo a analizar día con día, aprendí una infinidad. Infinidad de cosas».
