Muy bien, lo que pasa es que en la mañana yo terminé de planchar y todo, y le pedí el favor probablemente a mi esposo, guardaba la plancha de ropa, no era nada complicado, y me dijo que sí, que sí lo hacía, pero no lo hizo.
Cuando yo me regreso al cuarto veo que todavía está conectada y pues el riesgo, el riesgo de dejar una plancha conectada. Entonces yo literalmente le dije, porque si no podías, no querías, no me lo dijiste, no me lo hiciste saber y no podías ayudarme. Entonces no sé si le conflictó mucho, agarrar unos minutos, desconectarla, que se enfriara para guardarla, me hubiera ahorrado de verdad la molestia.
Pero bueno, son cosas que pasan, de repente aquí yo tengo muchas diferencias como pareja, pero a veces un pequeño detallito puede desencadenar un fallazo. Claro, y que estamos hablando del arte de vivir bajo el mismo techo, amigos, ¿verdad? Es difícil vivir bajo el mismo techo. Porque a veces hablamos de la estructura con la pareja, pero no es la única relación.
Digo, no nos divorciemos de los hijos porque no nos dan permiso, pero también a veces la realidad es que tenemos ganas, pero no lo decimos porque ¿qué creen? Resulta que soy la mala de la película, ¿verdad? ¿Cómo voy a creer que ese corazón de madre mexicana seas capaz de decir que tus hijos te cansan, que tus hijos te abruman? No se vale aquí en México decir eso. Chio, ¿se te ocurre que podamos abordar el tema, Tere, el tema de Chio? Hacerlo más dinámico, ¿qué te parece? Ahorita aprovechamos que Tere está para ver si nos ayuda con algunas preguntas que tenga el caso. Pero primero les doy el número de WhatsApp, 3323-5301-50.
Síganos escribiendo, ahorita nos vamos a tomar unos minutitos con mi compañera que viene muy lastimada el día de hoy, pero enseguida empezamos a leer sus casos. Vamos a regañar a ese muchacho para empezar. Lo primero que se hace con las personas cuando tienen un dolor, amigos, es pues entenderla.
Que nos disculpe ahora porque del otro del que estamos hablando, hoy no tiene nuestro apoyo. Hoy tiene nuestro apoyo el que está aquí. Claro, muchas gracias.
Le vas a tener que hacer, porque tú la tienes más cerca, le vas a aplicar la terapia. Primero toca el corazón y dile sana, sana, colita de rana. Oye Tere, pero ¿qué hay por ejemplo de estas ocasiones? Yo también viví con alguien.
¿Qué hay de estas ocasiones que esperamos más allá de lo que da un hombre? Bueno, sabemos que por naturaleza el hombre es bien despista, ¿verdad? Yo digo por naturaleza porque muchos nos quejamos de lo mismo. ¿Qué pasa Tere cuando nosotros esperamos más? Y además de esperar más cuando no resulta como yo lo quiero. Y en el momento que no quiero, me enoja.
¿Qué pasa? O sea, ¿qué sentimiento hay allí en la mujer, sobre todo en la mujer, que hace que explote todo el asunto? A lo mejor al marido se le pasó, se le olvidó, o traía un pendiente más urgente, no lo sé. Pero ¿qué hay allí? Tenemos el primer punto, amigos. Uno es que las mujeres y los hombres tenemos diferentes prioridades, diferentes estilos de pensamientos, también diferentes formas de arreglar las emociones.
Eso viene no nomás por la estructura de toda esa química cerebral, sino también por la educación. Nuestra misma química cerebral se ha acostumbrado a eso que nos enseñaron. ¿Qué nos enseñaron? Que los hombres son fuertes.
Entonces, no hacen mucho mitote. Bueno, eso se usaba antes. Y hoy en día se llaman mutada sorpresa.
Sí, terminamos haciendo muchas cosas. Y el otro lado es que las mujeres tenemos permiso de hacer un tianguis de la vida emocionalmente. Si una mujer empieza a gritar y a patalear, todos dicen que usted es mujer, ¿verdad? Si un varón empieza a gritar y a patalear, dices, ay, se volvió niña.
Se volvió niña y esto se puso complicado. Y desde ahí, nosotros podemos entender que estas diferencias tienen que ver con la educación y que nuestros pensamientos se acostumbraron a responder de la misma forma. Entonces, yo mujer, claro que digo, ya sé que tengo permiso de hacerlo.
Y desde ahí, con este permiso que tengo de hacerlo, pues lo hago con libertad. Y no digo que todas, pues igual hay poblaciones. Pero sabemos que en una mayoría sentimos ese permiso, sentimos esa libertad de poder explotar.
Ser berrincha. Tal cual. Y los hombres hacen berrincha de forma diferente, ¿verdad? ¿Qué tal también cuando el hombre castiga a la mujer por no darle dinero? ¿No es un berrincha también? Claro.
¿Y no es para dominar? Sí, claro. Para demostrar su poder. Claro.
Y a veces estas cosas cotidianas, déjenme seguir un poquito con la receta para nuestra amiga Rocío. Porque bueno, ya que se atrevió a ventilarse. Llegando a tu casa, mira.
No lo podía tener más aquí, de verdad. O sea, si algo me molesta a mí, es yo preguntarle a una persona si puede hacerlo, si puede ayudarme. O incluso en el trabajo, si tienes un compañero y dices, ¿puedes llevar esto a cabo? Te dicen en el momento que sí.
Pero el cliente me va diciendo no. O sea, yo hubiera preferido a mí. Pues es, no, no puedo.
Y en ese rato mejor yo veo cómo hago tiempo. Y lo hago, finalizo, concluyo. Pero no me hace tener.
También fue mi culpa, a lo mejor. Y eso tiene que ver también con esta parte donde, si se escucha lo que dice Rocío, es algo que es importante para mí. Es que si te comprometes conmigo a algo, lo vas a cumplir.
Lo dicen otras palabras, pero va por ahí. Sí, sí, la verdad es que sí. Y decir, pues, cuando yo sé que atenderme, ya entonces no estoy enojada.
Pues ya me dijiste que no. Pues ya estoy enojada por acá por lo que quiero. Pero no por lo que hiciste.
A mí se me ocurre qué tan grave puede llegar a ser cuando, por ejemplo, para que la niña no me derrinche. Las niñas grandes, en este caso del que estamos hablando en específico. Tengo que hacer siempre lo que ella desea aún contra de mi propia voluntad.
Digo, pensando también en el varón, porque puede llegar a suceder. Qué bueno para que no me derrinche, que llevo la fiesta en paz. Pero qué tan grave puede llegar a ser para el varón.
En este caso, siempre llevar ese método de buenos también, para que no chille, para que no patíe. ¿Qué puede suceder ahí? Tú que eres una experta en el sentir de esa persona. Hombre, no estoy contra de ti, amiga, pero vamos a desmenuzar para que lo perdones también.
Dinos. ¿Qué sucede? Pues que no sucede a todo mundo cuando decimos siempre que sí. Nos cansamos.
¿Quién no se cansa de decir, dame una para ganar, dame una para ganar? O sea, que todas son tuyas cuando me toca. Y cuando nos cansamos, pues puede haber diversas dificultades. Dicen, tanto va a alcanzar al agua hasta que se rompe.
Esa es una, un día me voy a atrever a rezongar. Y si no, me voy a enojar u otra se va a enfermar. Porque hay quienes tan de acuerdo, tampoco se atreve a rezongar y a rebelarse.
Más también, pues consecuencias siempre va a haber. Y algo me gustaría saber, no escuché o no puse atención. ¿Quién terminó desconectando la plancha y guardándola? Tú.
Yo. Tú. Enojada y todo, así como sabemos ser las mujeres, ¿verdad? Pues con el burro de planchar quemado, pues sí, ya enojada.
¿Se te quema el burro? Sí. ¡Ah, bueno! ¡Ah, bueno! Y es que solo brinca. Bueno, es que lo que pasa es que, para mí es un riesgo siempre.
Yo he sabido que dejar esa cosa conectada es más de mi riesgo. Y tengo dos niños pequeños en casa. Entonces a mí se me hizo fácil pegar el grito.
Yo me estaba saliendo de bañar y le dije, Daniel, oye, si ya acabas de planchar, desconecta la plancha, guárdala, déjala en su lugar. Él nunca me dijo, no puedo, estoy ocupada. Nunca me dijo que sí.
Además lo estaba ilusando. Y lo estaba ilusando. ¿Verdad? Sí.
Y lo menos que esperamos cuando vivimos con los demás es que lo que uses te hagas caro. ¿Estamos de acuerdo? Claro. Punto a tu favor.
A ver, ya vamos aterrizando. Tere, y en este caso, por ejemplo, que Chio está tan dolida y que la circunstancia fue de esa manera, a lo mejor no ha podido ver a su marido durante el día, no lo sé. Pero, ¿cómo pueden negociar ese coraje y canalizarlo de una manera que no le dure tanto y no se prolongue de tal forma que también lastime una relación? Que no haya ese resentimiento.
Total, son cosas que suceden sí, pero cómo hacerlo para que estén bien. Déjenme compartirles más allá de la broma, más allá de la broma. Eso que digo en broma de sana, sana, es una broma en serio.
Y es parte del tratamiento. Cuando Rocío se atreve a decir, esto me molesta, esto tiene valor, nos estamos validando nuestro dolor, tenga o no tenga razón. Este es un asunto diferente.
Puedo no tener razón, pero de todos modos, a lo mejor, imagínense, lo voy a poner en un niño. El niño se cae, mamá ya le había dicho, no te subas porque te vas a caer. Pero el niño no está esperando, después de que te caes, te duele, traes la rodillita raspada, que él te diga a la mamá, te dije, lo menos que esperas es que te abracen y te digan, sano, sano, todo va a estar bien.
Nomás recuerda esas veces donde algo te ha dolido, donde algo te ha molestado, y todavía te invalidan los demás y dices, qué exagerada, para qué te enojas. Ay, ¿cómo que te enojas por un burro de planchar? Las cosas se pueden comprar, es mejor las cosas. Ya le destruiste la autoestima al marido.
Pero cuando yo puedo entender que para mí es importante, que por eso estoy enojada, pues me doy mi tratamiento. No puedo ser amable con el otro cuando no lo soy conmigo, amigos. ¿Cómo puedo ser muy no querer causar problemas a la relación si ni siquiera me entiendo yo y me valido yo? Cuando yo me valido y digo, esto me está molestando, y aprendo también, lo siguiente sería, ahora sí, reviso.
A ver, ¿es mi enojo? Antes hasta de entender si es razonable o no, después de que me di el abrazo, lo meto a ese consenso de cuál es la mejor forma de tratar cuando hay una complicación. Parte de lo que yo les sugiero es, cada vez que gritas, cada vez que ofendes, al rato se te va a pasar a ti, porque ya te desahogaste, ¿verdad? Pero no se le va a pasar al otro. Y a lo mejor no andaba tan de malas o lo que sea y se le olvidó, pero si no se le olvidó, cuídate porque la revancha sigue.
Y entonces la relación de pareja se va complicando. Y todavía, fíjense, inconscientemente, luego hacemos esta cosa. ¿Me gritaste? Luego yo te voy a decir también, y esa equivocación que tuviste y esa taza que rompiste, entonces te la devuelvo y te grito.
Pero bueno, para llegar a este tipo de recetas y de tratamientos, algo que necesitamos también es, pues, darnos permiso de molestarnos y de entendernos. Ya después le ponemos la solución que yo siempre he creído y lo pongo en mí misma. Tengo derecho a enojarme.
Tengo derecho a decir, esto me arranca a mi hija. Lo que no tengo derecho es, porque yo estoy enojada, pegarte a ti. Es cuando yo buscaría cómo hago esto lo menos lastimoso, porque luego hago algo.
Como yo ya me vomité y ya me desahogué, pues, me descansa mi estómago. ¿Están de acuerdo? Ya quedé ahogada. ¿Pero qué tal quedó el vomitado? Bueno, pues, apestoso y con ganas de embarrarme.
