. Cada 8 de marzo en todo el mundo se conmemora el Día Internacional de las Mujeres.
Estas fechas nos invitan a reflexionar sobre la historia de las mujeres que a lo largo de las generaciones lucharon por sus derechos y que hoy consideramos fundamentales la igualdad, la dignidad, la libertad. Sin embargo, esta conmemoración también nos recuerda que todavía existen muchos desafíos importantes que debemos enfrentar como sociedad. La violencia en contra de las mujeres continúa siendo una realidad que no puede ignorarse ni minimizarse.
Y entender sus causas implica reconocer que no surge de manera espontánea. La violencia se alimenta de patrones culturales, del machismo, de estereotipos que se transmiten de generación en generación y de prácticas sociales que durante mucho tiempo han permitido normalizar la desigualdad. Por esa razón, el combate a la violencia de género no puede limitarse únicamente a la reacción institucional cuando el daño ya ocurrió.
La experiencia nos enseña que las sociedades que logran avanzar hacia su erradicación son aquellas que se fortalecen de manera decidida con sus políticas de prevención. Esas que se promueven desde la educación para la igualdad y que generan procesos permanentes de concientización social. La iniciativa que hoy se presenta busca precisamente eso, fortalecer ese enfoque preventivo de la ley para el acceso a las mujeres a una vida libre de violencia para el Estado.
En primer lugar, la propuesta establece que el Estado deberá implementar de manera permanente estrategias, programas y campañas de sensibilización, información y concientización social orientadas a prevenir, identificar y erradicar las violencias contra las mujeres, promoviendo el respeto a sus derechos humanos, la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres y la transformación de aquellos patrones socioculturales que perpetúan la discriminación y la violencia de género. En segundo término, la reforma señala que estas acciones deberán orientarse a visibilizar y prevenir las diversas formas de violencia que afectan a las mujeres, entre ellas la psicológica, la física, la sexual, económica, patrimonial, digital, política, entre otras, con el propósito de reconocer que la violencia puede adoptar múltiples expresiones que deben ser atendidas de manera integral. Finalmente, en un tercer párrafo, incorporo un elemento fundamental para la eficacia de cualquier política preventiva, la corresponsabilidad social.
En este sentido, se propone que las autoridades estatales y municipales promuevan la participación conjunta de las instituciones públicas, el sector educativo, los medios de comunicación, las organizaciones de la sociedad civil y la ciudadanía en general, procurando además el uso de tecnologías de la información y la evaluación periódica de las acciones implementadas para fortalecer la prevención de la violencia en contra de nosotras, las mujeres. Marzo nos recuerda que la igualdad no se consolida únicamente a través de reformas legales, sino también mediante transformaciones culturales profundas que requieren del compromiso permanente de las instituciones y de la sociedad. Fortalecer la prevención de la violencia de género representa un paso importante en esa dirección, porque prevenir no sólo significa anticiparse al daño, sino construir condiciones sociales que permitan que las mujeres vivamos con seguridad, dignidad y con el pleno ejercicio de nuestros derechos.
Construyamos una sociedad más consciente, más justa y más igualitaria. Compañeras, sigamos en la lucha. Muchas gracias.
