, compañeras y compañeros legisladores, a todas las mujeres de Aguascalientes hoy no es un día cualquiera en este recinto, nos encontramos en el marco de la conmemoración del día internacional de la mujer, una fecha que nos obliga a reflexionar pero sobre todo a actuar, no podemos quedarnos solos en el discurso de reconocimiento si no somos capaces de garantizar el derecho más básico de cualquier mujer el derecho a vivir en paz y sin miedo, por eso hoy presento ante esta soberanía una iniciativa que busca visibilizar y castigar una de las formas de violencia más indiciosas y lamentablemente más normalizadas en nuestra sociedad, el acecho seguramente muchas de ustedes han sentido alguna vez esa sombra que las persigue, ese mensaje que llega a deshoras a esa sensación de ser vigiladas constantemente, según datos del Inegi, el 70.1% de las mujeres en México han experimentado algún tipo de violencia y el 51.6% hemos sufrido violencia psicológica que incluye dinámicas de control y vigilancia obsesiva. El acecho no es un comportamiento inofensivo, es un mecanismo de control que se manifiesta a través de la vigilancia continua, el seguimiento persistente y el uso de tecnologías para rastrearnos como el GPS o el hostigamiento en redes sociales. Lo más grave es que el acecho es casi siempre la antesala de tragedias mayores como agresiones físicas o en el peor de los casos feminicidios.
Esta propuesta se suma al movimiento nacional impulsado por la denominada Ley Valeria, la cual nace del coraje de muchas mujeres que han tenido que alzar la voz ante el vacío legal que las dejaba desprotegidas. Es un reconocimiento a esas historias de valentía que nos demuestran que nadie debería enfrentar esta lucha en soledad y que es responsabilidad del Estado cerrar las lagunas que permiten a los agresores actuar con impunidad. Es fundamental aclarar porque esta iniciativa no es una duplicidad normativa, nuestro código penal sanciona el asedio, pero lo limita estrictamente al ámbito laboral o a los medios digitales y exige una amenaza explícita para actuar.
Por su parte, nuestra Ley de Acceso sólo contempla el acecho como acoso callejero o la confunde con la violencia digital, enfocada en la discusión del contenido íntimo. El acecho que hoy proponemos va mucho más allá, castiga el patrón sistemático de terror, la persecución obsesiva, la vigilancia silenciosa y el rastreo, ya sea físico o mediante el uso de tecnologías. Castiga esa conducta que destruye la paz mental de las mujeres sin necesidad de que exista una sola amenaza verbal o un fin sexual directo.
Una conducta destructiva que hoy lamentablemente escapa de las manos de la justicia. ¿Qué es lo que estamos proponiendo? Buscamos reformar nuestro código penal y la Ley del Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia para crear un tipo penal de acecho. Queremos sancionar a quien vigile, persiga o establezca contacto no deseado de forma sistemática con una mujer, generándole miedo o inseguridad con penas de uno a cuatro años de prisión.
No se trata sólo castigar, sino de prevenir. Al tipificar el acecho, permitimos que el Estado intervenga mucho antes de que la violencia escale, facultando a nuestras instituciones para dictar órdenes de protección inmediatas. Además, incluimos agravantes como cuando el agresor use dispositivos de rastreo como GPS, quebrante una orden previa o tenga una relación de confianza con la víctima.
Compañeras y compañeros, esta iniciativa es un acto de justicia y una deuda histórica. Es el primer paso para asegurar que ninguna niña, joven o mujer en Aguascalientes tenga que cambiar su ruta a casa o vivir con la zozobra de sentirse perseguida. Les presento esta iniciativa convencida de que es el camino correcto para construir un Estado donde nuestra libertad no tenga excepciones.
Los invito de todo corazón a que se sumen a esta iniciativa, a que caminemos juntos por encima de cualquier color político, ya que le digamos a las mujeres de Aguascalientes que no están solas. Respaldemos un futuro donde el miedo deje de ser parte de nuestra rutina y donde la paz sea nuestra única realidad. Es cuanto, diputado presidente.
