Aguascalientes.– Corea del Sur transformó su cultura pop (Hallyu) en política de Estado tras la crisis financiera asiática de 1997, convirtiéndola en exportación estratégica mediante soft power —poder de seducción cultural—, reveló un ponente en conferencia local que vinculó este fenómeno al auge del K-pop y dramas coreanos.
Origen en la crisis de 1997
El expositor recordó cómo el gobierno coreano, ante el colapso económico regional (que afectó a China, Tailandia y Japón), recolectó toneladas de oro de joyas ciudadanas y optó por invertir masivamente en cine, música, TV y animación. «Si no tenemos recursos, hagamos que la cultura genere dinero», fue la visión, inspirada en el éxito previo del anime japonés.
Soft power vs. poder coercitivo
Comparó el Hallyu con el bombardeo cultural de EE.UU. (lockers escolares, casas suburbanas en películas), pero destacó que Corea lo planificó deliberadamente: «Tú quieres ser parte de esa realidad». El término «Hallyu» (corriente coreana) surgió en China, donde dramas coreanos desplazaron telenovelas locales, como pasó en México.
K-pop: diseño demográfico
El K-pop es la «punta de lanza», con grupos segmentados por edad y gusto: «Todo está cuidadosamente diseñado […] con talento, inversión y sobreexplotación». Genera deseo que lleva a aprender idioma, probar comida y consumir más, creando vínculos globales.
Impacto en jóvenes mexicanos
El ponente invitó a reflexionar sobre fans locales de K-pop, moda y series: «Han sido víctimas de este plan maquiavélico» (en tono positivo). Interactuó con «Ana»: impacto en hijos «queipoperos» de secundaria y bachillerato.
La charla enfatiza que México, vecino de EE.UU., podría aprender de esta estrategia cultural exportadora para contrarrestar influencias externas.
