La pérdida de una madre es uno de los desafíos emocionales más grandes que puede enfrentar un ser humano, especialmente cuando ocurre durante la infancia. En el programa «Mi Vida en Equilibrio», la psicóloga analizó el caso de una mujer que, tras 30 años de haber perdido a su madre a los cuatro años de edad, aún experimenta un dolor profundo y dificultades en su vida diaria.
El «Abandono» Incomprendido
Cuando un niño pequeño pierde a su progenitora, no logra procesar la muerte como un evento natural de la vida. Para un infante, esta ausencia se traduce en un sentimiento de abandono.
- A menudo, el entorno adulto minimiza el impacto creyendo que por ser pequeños «se les pasará pronto» o que el tiempo lo arreglará todo.
- Sin embargo, este vacío suele manifestarse años después como un «boicot» en la vida adulta o una sensación de que algo falta constantemente.
- La especialista destacó que el vínculo con la madre en la cultura mexicana es particularmente fuerte debido al apego gestacional y a la idealización social que se tiene de la figura materna.
El camino hacia la sanación
De acuerdo con la psicóloga Jiménez, sanar no significa olvidar, sino reconciliarse con el suceso para que la vida pueda fluir diferente. No hacerlo implica el riesgo de heredar ese mismo «hueco» emocional a las siguientes generaciones.
«Lo mejor que nos puede pasar es acomodar nuestro corazón… poder abrazar a esa pequeña de cuatro años y ayudarle a reconciliar este suceso», señaló la experta.
Ejercicio terapéutico: La carta de dos manos
Para quienes atraviesan un duelo no resuelto, la psicóloga recomendó una herramienta de autoayuda basada en la conexión cerebral y emocional:
- Escritura Racional (Mano derecha): Escribir una carta a mamá expresando todo el enojo, tristeza, frustración o sentimientos de injusticia. El uso de la mano derecha conecta con el área racional del cerebro.
- Escritura Emocional (Mano izquierda): Permitir que «mamá responda» prestando la mano izquierda para escribir. Esto conecta con el hemisferio derecho, encargado de procesar las emociones de forma distinta.
- Cierre simbólico: Una vez terminadas, las cartas pueden quemarse para que las cenizas sirvan de abono a una planta especial, simbolizando la transformación de la energía emocional en vida.
